martes, agosto 14, 2018

Convocatoria: Juntémonos para la movilización



Hemos insistido en la necesidad de superar la fragmentación, dispersión y ausencia de autonomía en que se encuentran los movimientos sociales y políticos, razón por la cual   es  necesario   impulsar y dinamizar espacios que articulen las luchas populares , impulsando agendas de movilización y de lucha  que  mejoren  la  condiciones para  enfrentar  la ofensiva  neoliberal.  

Ha sido nuestro compromiso en la última década, impulsar conjuntamente con otras organizaciones experiencias organizativas, como en el caso de las Organizaciones Populares de Vivienda, las coordinadoras regionales del movimiento campesino, las organizaciones de los trabajadores que vienen exigiendo empleo y condiciones de trabajo dignas.   

Igualmente destacamos las movilizaciones regionales y sectoriales que se han dado en los últimos años como la minga indígena, los paros estudiantiles en busca de autonomía y financiación para la universidad pública; los paros de maestros; las huelgas de los trabajadores; los paros de Tumaco y Chocó, demandando mayor inversión social; las movilizaciones en defensa del agua y contra la minería, que en muchos municipios desencadenaron unas consultas populares, que dieron como resultado el rechazo de megaproyectos por parte de la población; las recuperaciones de tierras por parte de algunas comunidades indígenas, etc.

Estas y otras experiencias son muestra que al interior de las organizaciones del pueblo aún existe la iniciativa, voluntad y capacidad para construir propuestas de manera autónoma y movilizarse en torno a ellas. Es evidente que no partimos de cero, sin embargo, no se puede decir que se haya superado la atomización y fragmentación de los movimientos sociales y políticos, por el contrario encontramos en el panorama otros factores que restan autonomía y generan mayor fragmentación en las organizaciones del pueblo, restando su capacidad de movilización.

La injerencia de potencias como Estados Unidos, que cada vez tiene más influencia en nuestro modelo económico y político a través de tratados comerciales, planes militares y de inversión como el Plan Colombia y demás convenios bilaterales y multilaterales, como el de la inclusión del país en la OTAN.

Pero también encontramos factores internos, es evidente que ya nadie discute que los procesos de negociación (ante los cuales creemos que hay que persistir en la salida negociada de los que aún persisten), que se han gestado desde principios de los años noventa, se han caracterizado, por poner fin al conflicto armado existente, sin cambiar las condiciones materiales de vida de la mayoría de la población.                

En este contexto, Las campañas presidenciales del 2018, reflejaron en sus propuestas  programáticas de gobierno, el abandono de reivindicaciones históricas, como la reforma agraria, sustituyéndolas por el planteamiento  de  la  productividad de la tierra, lo cual se asemeja más a un modelo empresarial de agroindustria, que a la inclusión del campesino como sujeto de derechos. Aun a pesar de esto, persisten las luchas de resistencia, por lo cual es ejemplo el caso  de  los  compañeros  indígenas   de  la  “Madre  Tierra”  que   mantienen  las luchas por la   recuperación  de  las  tierras  en  contra de los dueños de los  ingenios azucareros y  de las políticas del gobierno de Santos.

Son muchos los intereses que se encuentran en disputa entre las clases dominantes los trabajadores y el movimiento popular, esto explica en gran medida el incremento de los asesinatos de los líderes sociales, las tensiones por la formalización de la tierra de las familias desplazadas, por parte de los victimarios, el incumplimiento a la sustitución de cultivo, la tenencia de la tierra y a profundización de  desigualdad fundada en el modelo de desarrollo económico, son luchas en las cuales si no creamos escenarios de poder para que sean escuchados nuestro planteamientos se reducirán nuestras opciones a disyuntivas entre el modelo minero energético o la agroindustria y se reducirán nuestras demandas ambientales a la emisión y comercialización de bonos de carbono, opciones y propuestas que no ponen en cuestión el sistema económico o la concentración de la riqueza.

Con  el  triunfo  del  uribismo  y  su  candidato  Iván  Duque las contrarreformas que se   anuncian del orden tributario, laboral, pensional, etc., lesionan los intereses de las mayorías y de exigen una agenda de movilización que le haga frente a esta situación y que vuelva a poner sobre la mesa   las reivindicaciones    del  movimiento  social.

Nuestra agendas de movilización, no se agotan en los acuerdo de la Habana, ni mucho menos las garantizan las agendas electorales. Debemos preparar una agenda de movilización que dé cuenta de la defensa de la vida y el territorio como ejes centrales de nuestra lucha, así como una redistribución de la tierra con un énfasis de soberanía alimentaria, empleo y condiciones de trabajo dignas, acceso a una vivienda digna con participación del movimiento de viviendistas, defensa de los derechos de las mujeres, la defensa del agua y la naturaleza en general, sistemas de transporte dignos e incluyentes sin monopolios empresariales, derecho a la seguridad social sin intermediarios ni intervención del capital financiero, derecho a la educación pública y de calidad que fomente la investigación, un modelo de participación con capacidad de decisión de las comunidades, el cumplimiento de los acuerdos de la Habana y de los demás acuerdos alcanzados con las organizaciones del pueblo e incumplidos por el establecimiento, entre otras.

Por ello convocamos para el mes de octubre del presente año a la  organización de jornadas de movilización que den cuenta de nuestras reivindicaciones. En razón a nuestros acumulados y situaciones particulares de las regiones, proponemos como epicentros de concentración la Costa Caribe y el Suroccidente del país, sin desconocer otras posibilidades y apuntando a generar una acción colectiva.