domingo, agosto 19, 2018

De verdad Estados Unidos sigue siendo la única potencia imperialista del planeta?



La negociación del nuevo crédito de China a Venezuela para la inversión en el área petrolera está generando importantes fricciones dando paso a una fase extra de discusiones para la concesión de 5 mil millones de dólares, según publica la Web venezolana VT Actual.

| Por: Juan Andrés Pérez Rodríguez / Redacción Canarias |

La negociación de un nuevo crédito de China a Venezuela para la inversión en el área petrolera está generando importantes fricciones entre los gobiernos de ambos países, que han dado paso a una fase extra de discusiones para la posible concesión de 5 mil millones de dólares, según publica la Web venezolana VT Actual.

De acuerdo con esta fuente, el principal escollo de la negociación sería “la aspiración de China sobre garantías al préstamo”. En concreto, que “la nación asiática exige reservas de hidrocarburos en garantía para el desembolso”.

Las implicaciones que de cara al futuro tendrían para Venezuela las exigencias chinas ya son objeto de controversia entre los analistas.   Para algunos, el hecho de que China exija garantías en reservas de petróleo para otorgar un nuevo crédito "no es un asunto que traiga consigo implicaciones negativas para la nación Suramérica”. Otros, en cambio, advierten que la reclamación equivale a apropiarse de los derechos sobre una parte del principal recurso económico de Venezuela, en una operación, similar a las impuestas históricamente por los "inversionistas" de EE.UU. o Europa, que atenta contra la soberanía del país.  Lo fundamental a la hora de valorar los requerimientos que realiza el gigante asiático -apuntan estos analistas- es comprender cuál es la naturaleza de esta exigencia.

La expansión de china: ¿una potencia ajena a la dinámica capitalista?

Actualmente, Pekín inunda con sus mercancías los mercados del mundo, desbancando cada día más a sus competidores norteamericanos y europeos, pero también requiere y busca en todo el planeta las materias primas y los recursos energéticos necesarios para continuar desarrollando su economía y realiza enormes inversiones de capital. En definitiva, compite por los recursos y por la apropiación de los mercados mundiales con otras potencias capitalistas, en una nueva reordenación mundial que aún se puede caracterizar cabalmente mediante la clásica definición del imperialismo que en su día realizarán Lenin y otros teóricos marxistas.

Para que se tenga una idea, solo entre 2005 y junio del 2011 las inversiones de empresas chinas en el mundo superaron los $ 378.500 millones. Es significativo que de ese total, unos $ 266.700 millones –casi el 70%- correspondieron a inversiones realizadas en países eufemísticamente denominados en "vías de desarrollo", donde más se aprecia la expansión e influencia de China.

Bastaría mencionar en este momento los casos de Irán y Venezuela. Para ambos, el país asiático ha sido en la práctica un auténtico banquero. Los créditos chinos otorgados a Venezuela en la última década alcanzaron los $ 60.000 millones.

Confusión en el campo de la izquierda

Pero el hecho de que China haya sido “una fuente de créditos alternativos” a los que brindan el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), o de que los haya otorgado hasta la fecha - producto de la misma competencia - con condiciones más favorables que las instituciones financieras controladas por los EE.UU., no modifica, como ingenuamente cree una buena parte de la izquierda mundial, el carácter de dichas inversiones.

Obviamente, los países con necesidades de capital deben valorar las ofertas de los inversionistas potenciales, para optar por aquellas que les sean más favorables. Sin embargo, nuestro análisis no debería obviar que China no realiza aportaciones de capital con motivaciones solidarias como las que durante décadas han impulsado, por ejemplo, el internacionalismo cubano o marcadas por un espíritu de cooperación igualitaria como el que se quiso desarrollar con proyectos como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). China emprendió hace mucho tiempo el camino capitalista y para responder a sus necesidades de crecimiento y expansión requiere de la exportación de capitales que - como apuntara Lenin al caracterizar uno de los 5 rasgos fundamentales del imperialismo - "adquiere una gran importancia respecto a la exportación de mercancías (en esta fase superior del capitalismo), facilitando la penetración y el expolio de las grandes potencias en los países menos desarrollados".

Es por ello que la correcta caracterización de la naturaleza de la sociedad china posee hoy una importancia política fundamental. Porque, en esencia, las políticas imperialistas consisten en imponer a otros pueblos los intereses particulares de un Estado o, más concretamente, de las clases dominantes de un país al que éste representa. Algo que no necesariamente se tiene que realizar con la fuerza de las cañoneras como hace EE.UU., aunque esta posibilidad siempre pueda darse en un futuro, cuando los intereses expansionistas de la potencia emergente así lo requieran y esté en condiciones de recurrir a ese procedimiento.

Confundir la "amabilidad" mostrada hasta la fecha por China en sus transacciones comerciales - en comparación con la prepotencia yanqui o europea - o las contrapartidas que ha ofrecido a los países de cuyas riquezas se apropia con alguna forma "alternativa" de inversión capitalista que pudiera ser compatible con el desarrollo real de los países periféricos implica desconocer- u olvidar - que es la propia dinámica de este sistema la que perpetúa el intercambio desigual, la dependencia, el subdesarrollo y la depredación creciente e irreversible del medioambiente imprescindible para la reproducción de la vida humana.

En este contexto, el conflicto surgido con Venezuela, por las exigencias que China pretende imponerle para la concesión del nuevo crédito, no es más que una incipiente expresión de contradicciones que veremos crecer en número e intensidad en los próximos años, como consecuencia de las leyes de hierro de la competencia capitalista.