martes, agosto 14, 2018

Los sicarios de la agroindustria y la explotación minera en América Latina



| Por: Carlos Rafael Rodríguez / Canarias |

En América Latina han sido asesinados 207 activistas y defensores del medio ambiente en 2017 según cálculos de la organización no gubernamental inglesa Global Witness (GW). De ese total, la mayor parte de las víctimas ha sido indígena. Por países, Brasil con (57), Colombia con (24) y México con (15) encabezan la lista de naciones con más muertos de los 22 que la conforman.

En América Latina han sido asesinados 207 activistas y defensores del Medio Ambiente en 2017, según cálculos de la Organización no Gubernamental inglesa Global Witness (GW). De ese total, la mayor parte de las víctimas ha sido indígenas. Por países, Brasil con (57), Colombia con (24) y México con (15) encabezan la lista de naciones con más muertos de los 22 que la conforman.

Sin embargo, el informe de la organización, hecho público el pasado 8 de julio en México bajo el título "A qué precio?", se presenta mucho más revelador que  los habituales  cómputos de muertes de líderes ambientalistas en lucha. El trabajo corrobora la relación directa de los asesinatos con la actividad empresarial de la agroindustria –la actividad con más fallecidos- y la explotación minera.

Según la fuente, el brutal incremento de la violencia contra personas defensoras del Medio Ambiente y la Tierra ha sido la respuesta a la lucha de los líderes junto a sus comunidades, que se enfrentan a los intereses de las empresas que explotan los recursos naturales de sus asentamientos.

En este sentido, la ONG Global Witness señaló que las "semillas del conflicto" brotan cuando la explotación forestal, minera u otros proyectos se ponen en marcha.

Se denuncian, entre otros, los casos de las bandas organizadas por y para empresas madereras, a las que, proveen de hombres armados para poder realizar sus actividades ilegales.

Otro aspecto destacado del informe tiene que ver con la impunidad de este tipo de crímenes, en los que "rara vez son castigados" los responsables de los asesinatos de los activistas. Los supuestos mecanismos de protección institucional a estas personas no funcionan.

Finalmente, el informe concluye que las masacres contra los ambientalistas buscan amedrentar no solo a quienes se ponen al frente de la lucha. Se busca -simultáneamente- dirigir un mensaje claro a la colectividad: “no sólo se atacará a los líderes de la comunidad, sino que nadie está a salvo".