domingo, agosto 19, 2018

Periodismo y espionaje corporativo: la avanzada contra la soberanía



| Por: Luis Orlando Ávila Hernández* |

El periodista colombiano y actual columnista del diario El Espectador, de origen judío Yohir Akerman, hijo de excomunistas (una líder afro y un judío usado para las negociaciones de paz con las FARC-EP en la presidencia del señor Gaviria), es sin duda uno de los más valientes y documentados reporteros que ha escrutado el inusitado poder de la familia Uribe Vélez, al igual que al omnímodo cogobierno de la Iglesia Católica, incluido el deplorable exfuncionario Alejandro Ordoñez, y a buena parte de la corrupción en la sombra tipo alianza publico privada: políticos dueños de empresas o firmas de papel que contratan con el Estado (¿Quién es Yohir Akerman?, Revista Jet-Set, febrero 27/2015).

Su columna de esta semana en el diario liberal, De castaño a oscuro (elespectador.com, agosto 19/2018), es de una trascendencia periodística sin igual, dado que nos plantea – valientemente, dicho sea de paso – la posible línea jerárquica de otros posibles implicados en el asesinato del entrañable Jaime Garzón.

Víctima silente, como muchos de sus colegas periodistas, ha sobreaguado al cotidiano peso existencial ante el peligroso matoneo mediático de medios proclives al uribismo y al mismo señor Alvaro Uribe, en clara desigualdad, enfrentándolo gallardamente junto con su padre (Moritz Akerman responde a acusaciones de Uribe, elespectador.com, abril 19/2016).

Hasta ahí el papel social y valor civil de Akerman, solo comparable a la de la torturada periodista que logró desenmascarar al hoy único condenado por el crimen de Garzón, Claudia Julieta Duque (frontlinedefenders.org, agosto 19/2018), o al periodista que nos enseña cada domingo como se erigió la reciente historia de vileza y poder que se tomó a Colombia desde mediados de los 90, Daniel Coronell (Quien es Daniel Coronell, lasillavacia.com, agosto 2/2018), a costa de la seguridad de su propia familia.

Pero Yohir Akerman (siempre habrá un pero), a diferencia de los dos valientes periodistas citados, es socio de una empresa de espionaje corporativo que presta servicios de inteligencia en todo el mundo, con sede en Los Ángeles y en Miami (USA): Custom Information Services, Inc.

La Constitución de 1991 en su artículo 331, no le exige a Akerman ni a ningún ciudadano, permisos previos ni autorizaciones para su ejercicio comercial, salvo las dictadas por la Ley, ya que en Colombia la actividad económica y la iniciativa privada son libres, pero dentro de los límites del bien común.

Y es dentro de ese bien común de la independencia periodística – por lo menos éticamente – que se le exige a Akerman separar su rol como periodista de su actividad como espía corporativo.

Para la muestra un botón: su único socio en Custom Information Services, Inc, Sam Anson, fue antiguo miembro de una las más grandes firmas de investigación privada (espionaje), Kroll Inc., hoy una división de Duff & Phelps

Según la revista The Atlantic, Sam Anson en 2010 a nombre de Kroll Inc., desde su oficina en Bogotá, trató de contratar a la periodista free lance, Mary Cuddehe, para que ésta actuará como espía en la selva ecuatoriana al servicio de su cliente la multinacional Chevron – Texaco, con mira a desacreditar el reporte pericial de enfermedad y muerte de cerca de mil indígenas por contaminación en las fuentes de agua en el sector de Lago Agrio (Provincia de Sucumbíos) entre 1964 a 1999, el cual fue ordenado y avalado por la Corte Nacional de Justicia del Ecuador (A Spy in the Jungle, theatlantic.com, agosto 2 de 2010).

Ni Mary aceptó la oferta dado que primó y lo privó su rol como periodista, ni Yohir Akerman tuvo nada que ver con la intención de 2010 de su actual socio, pero Chevron – Texaco si fue condenada a pagar la indemnización a los indígenas ecuatorianos (Corte Constitucional del Ecuador ratifica la sentencia contra Chevron, eluniverso.com, julio 11/2018).

No hay ninguna línea delgada ni gruesa entre el, la o lx periodista y los negocios, sean estos partidistas, ilegales o religiosos. Eso es un oxímoron.

Simplemente se es periodista y punto.  Prueba de ello, la internet y su aporte a un mundo más informado, más interconectado.
   
Lo contrario son sutilezas y elucubrados cantos subliminales, de los miles de Sam Anson que habrá en este momento en Colombia, tratando de reclutar reporteros, cronistas o caricaturistas, jóvenes o viejos, para que les sirvan de espías en la selva, en el llano, en el litoral, en el páramo colombiano a fin de desacreditar comunidades enteras a favor de la pos verdad de las mineras, petroleras, comercializadoras genéticas y del tal turismo temático o economía naranja, que sobre todo en este gobierno que empieza, son la avanzada de nuestra pérdida de soberanía (Llegada de barco de USA a Colombia: “Invasión encubierta”, agencia EFE, agosto18/2018).

Fresco está en la memoria de quienes escuchamos radio y leemos prensa en el Tolima, cuando ciertos generales de Policía y de Ejército, hoy en la mira de la JEP,   reclutaron temporalmente hace unos lustros, a los, las y lxs periodistas locales para enseñarles a disparar y hacer polígono.

De la misma manera, por esos mismos años, cuando ciertos consorcios del aseo, de la minería y el petróleo, más otros consorcios tipo APP, se llevaban en tour por Colombia al periodismo regional.

Un buen comienzo – ahora que las más poderosas multinacionales tienen al Tolima entre sus ojos, sus guardias de seguridad y sus empresas de espionaje corporativo – para seguir creyendo en la independencia del periodismo regional, sería que los portales de noticias, las radioemisoras, la TV local y los free lance públicamente declararan el origen de sus ingresos, sociedades comerciales y propiedades, si las tienen, dado que la estrechez económica (no la miseria ni la pobreza) es y será la virtud del periodista ético y socialmente responsable (Código de ética, theguardian.com, traducción agosto 20/2017).  

(*) Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.