domingo, septiembre 09, 2018

I took Venezuela



| Por: Luis Orlando Ávila Hernández* |

En 1974 salió a escena “I Took Panama” y el director del TPB (Teatro Popular de Bogotá), Jorge Ali Triana, en el catálogo de sus 25 años (1993) así la resumía: “… (La obra cuestiona) la dramática realidad de las relaciones internacionales de nuestro país”… (Y propone) instalar en el público cierta dosis de nacionalismo anti-imperialista…” (elespectador.com, mar 30/2016)

Ficción teatralizada basada en los sucesos de 1903 tras la pérdida de Panamá, gracias a una de las primeras claudicaciones de soberanía ante los USA por los entonces políticos hacendados liberales y conservadores, antioqueños y bogotanos, principalmente, en una de las tantas guerras internas inventadas y no luchadas por estos (nunca hubo estas), mientras el resto de la Nación les puso los soldados y su hambre.

La diplomacia y la injerencia militar de los USA entre los políticos hacendados de hoy descendientes de sus abuelos (o capataces) obsequiadores de Panamá, buscó en los ocho años de esta segunda década del siglo XXI, intentar postergar la lucha armada del conflicto social y armado colombiano junto a la institucionalización de un segundo Frente Nacional, de nuevo entre políticos antioqueños y bogotanos principalmente, con la presidencia de Iván Duque, para justificar militar y sociológicamente desde Colombia, la toma de Venezuela por los USA, 115 años después de tomarse a Panamá, con el solo propósito de robarse su canal.

Esta perogrullada no pasaría a mas, sino fuera porque en la cotidianeidad social y cultural del país, en especial la del Tolima, una buena parte de la ciudadanía internalizó la “necesidad” y perora la matriz mediática de una “justa causa” de la guerra con el vecino país y a contrario de la obra de 1974, no hay dosis de nacionalismo anti-imperialista, sino de un nacionalismo guerrerista pro-gringo.

Nunca antes, por lo menos desde los 80 del siglo anterior, se puede leer, escuchar, ver o convivir a diario entre periodistas, políticos, narcos, empresarios, trabajadoras sexuales, religiosos, docentes, vendedores ambulantes y hasta cierta izquierda tolimense, tanto sentimiento pro-invasión y anti-Venezuela.

Obviamente, en el caso del Tolima, esto es gracias a la “ayuda” desde los mismos años 80 de las agencias internacionales de cooperación, quienes en el departamento influyen y “financian” de todo: el medio ambiente, el suicidio, el café, el arroz, las Tic, las basuras, los comandos jungla, la ganadería, los acueductos, los portales de noticias, la protección del planeta, la ESMAD, la educación superior, el oso de anteojos, los émulos de Maluma, la educación primaria y vergonzosamente a la justicia (entendida como la permanente “formación” de jueces y fiscales, principalmente), entre muchas más.

Es verdaderamente sorprendente que a donde quiera que se vaya o asista, evento cultural, concierto musical o seminario temático en Ibagué o los municipios, hay un banner (físico o virtual) de la USAID (agencia gringa para “el desarrollo”).

Incluso mucho de lo no cumplido por el Gobierno nacional en el Acuerdo por una Paz Estable y Duradera, tiene tras de sí a la USAID y su “financiación”.

Un ejemplo tolimense: la política pública agropecuaria o la iniciativa privada respecto que se siembra, quien, cuándo, dónde y cómo en el departamento del Tolima, es una subsuma de dichos intereses y baste solo el ejercicio de cualquier bachiller en revisar los archivos de los CONSEA (organismo público se supone participativo, para decidir lo agropecuario) desde 1990 hasta hoy, para llegar a la conclusión que nada se hizo, sino la voluntad de la USAID.

Así las cosas, el segundo de los eventos de guerra contra Venezuela, actuada por Colombia por mandato de los USA, estaba pronosticado para ocurrir este septiembre (Como se beneficia Colombia con la gasolina venezolana, misionverdad.com, ago 24/2018), pero la reciente estrategia política de un gobierno socialista como el de Venezuela ganador de 21 elecciones, con su programa “Vuelta a la Patria” hábilmente confrontador de la matriz mediática del drama del éxodo (según la ONU han salido algo menos de 900 mil venezolanos por la crisis económica comparados con los 7 millones de migrantes colombianos por las matanzas, masacres y depravación del terrorismo de estado) (La vecindad incomoda, actualidad.rt.com, sept 7/2018), se suma a dos recientes hitos de la prensa liberal norteamericana contra su mentalmente enfermo presidente Donald Trump (Resistencia anónima dentro de la Casa Blanca para tumbar a Trump, nytimes.com, sept 6/2018 y Trump planea un golpe de estado a Maduro, nytimes.com, sept 8/2018) han pospuesto lo que se ve puede ser la balcanización de los países andinos, para robarse no un canal como en 1903, sino su petróleo, sus aguas, su biodiversidad y sus minerales.          

Sea como fuere el frustrado segundo intento colombiano mandado por los USA y su USAID de incendiar la pacifica región, 115 años después todo se repite como en 1903: el escritor presidente J.M. Marroquín (1900-1903) llega gracias al ultra partido Nacional, comandado por el ultragodo M.A. Sanclemente, para luego traicionarle en su alianza conservador liberal con Aquileo Parra buscando junto a este, claudicar ante USA con la entrega de Panamá, después de solicitarles en 1902 a los gringos que intervinieran (tomarse) en el istmo con el fin de derrotar sus rebeldes enemigos liberales y a sus guerrillas que se escondían en Venezuela, Nicaragua y Ecuador.

Pero al menos con diferencia a 1903, su ministro de guerra, su ministro del tesoro, o su presidente del Congreso no eran los vendedores de comercios, los evasores de impuestos o los iletrados de hoy, sino personajes que al menos se habían leído a los clásicos.

Los gringos una vez se tomaron a Panamá ubicaron sus buques en el Golfo de Urabá, por si acaso eso que llaman dignidad y soberanía nos resurgía. 

Esta vez en la toma de Venezuela, 115 años después y para asegurarse mejor desde la Colombia de Marroquín y de Duque, tienen a la USAID en todo, mas siete bases militares adentro y un buque “humanitario” en Cartagena, blindándose de que no nos volvamos como Venezuela mientras la saquean (si se dejan), para solo continuar como la sociedad fallida que somos y seremos, al decir de García Márquez.    

(*) Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.