sábado, septiembre 22, 2018

Un 40% de los guerrilleros colombianos vuelve a tomar las armas



Si las cifras son ciertas, a un año de rubricado el acuerdo de paz entre el estado colombiano y la guerrilla de las FARC, se estima que casi el 40 por ciento de todos los milicianos que tenía la insurgencia antes de la firma -unos 2800 guerrilleros- han vuelto a las armas.

| Por: Fermín Domínguez / Canarias Semanal |

Si las cifras son ciertas, a un año de rubricado el Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC, se estima que casi el 40 por ciento de todos los milicianos que tenía la insurgencia antes de la firma -unos 2800 guerrilleros- han vuelto a las armas.

Los datos aparecen en un artículo publicado en el diario estadounidense the New  York Times, titulado “El regreso a las armas de los exguerrilleros de las FARC”.

Según sus autores, Nicholas Casey, desde Medellín ,y Federico Ríos Escobar, desde un enclave rebelde, aparece un  “denominador común” cuando se pregunta por las motivaciones que han estimulado  a estos combatientes para movilizarse.

“El gobierno les prometió una nueva vida civil con los acuerdos, pero pronto terminaron sintiéndose acorralados por grupos paramilitares que intentaron hacerse del control que habían abandonado los rebeldes”.

Para ratificarlo, citan una frase extraída del dialogo con Maicol, uno de los comandantes rebeldes. “Vi que estaban fusilando a muchos compañeros, entonces decidí otra vez meterme al monte”.

Sin embargo, al contrario de lo que promete en su titular, el artículo del New York Times no ofrece más elementos de análisis que permitan entender cuáles han sido las razones que han llevado a estos guerrilleros a tomar las armas nuevamente.

A partir de este punto el reportaje se centra en otro aspecto del rearme guerrillero: el carácter de las supuestas alianzas que se habrían empezado a formar en las montañas, según el diario estadounidense "con bandas criminales a la que las autoridades acusan de masacrar a civiles y de estar relacionadas con el  narcotráfico".

“Eso podría significar – según los autores- que en un futuro no tan lejano los exguerrilleros se asemejen más a un grupo de delincuencia organizada que al ejército de marxismo revolucionario que establecieron en los años sesenta”

Si se observa con cuidado el guión  sobre el que elabora la información que aparece en el artículo no es difícil observar que el objetivo del mensaje no es explicar por qué casi la mitad de las fuerzas guerrilleras no aceptan el acuerdo, sino de establecer estos presuntos “vínculos” entre los combatientes, la delincuencia y el crimen organizado.

Pero no solo en este artículo del New York Times aparecen aristas que apuntan en esa dirección. Igual tratamiento se hizo patente en abril pasado en el artículo “Gentil Duarte”, el disidente que pretende revivir beligerancia de las FARC”, dedicado por entero al ex dirigente de las FARC-EP y actualmente en la insurgencia, Miguel Botache Santillana.

Se le acusa –por comentarios de calle- de haber  cometido actos de “amenazas, reclutamiento forzado, secuestros, hostigamientos, quema de vehículos, extorsiones, activación de artefactos explosivos, desplazamiento forzado, quema de maquinaria, fabricación, retenes ilegales, tráfico de estupefacientes y hostigamientos”.

LA “NUEVA” GUERRA PSICOLÓGICA CONTRAINSURGENTE

Con el rearme de una parte de los antiguos guerrilleros y la incorporación de nuevos reclutas se aprecia, en efecto, un marcado interés de los medios de comunicación corporativos en reeditar la guerra psicológica llevada a cabo contra las FARC-EP.

En la misma línea del desgaste psicológico previo a los acuerdos, el objetivo no es otro que el de destruir la moral del enemigo y minar los apoyos externos de la insurgencia.

En este sentido, la propaganda subliminal también ocupa un lugar destacado. De ahí que los ataques de esta clase sean indirectos. De acuerdo con los manuales de Campo de operaciones psicológicas   -Field Manual of Psychological Operations (FM-33-5)- del ejército de Estados Unidos, la insinuación suele ser más eficaz que el ataque directo a los líderes guerrilleros, ya que un ataque directo puede ser acogido por la población hostilmente y llevarle a rechazar el mensaje.

Es por ello que la propaganda casi siempre se presenta en forma de noticia para que tenga mayor efectividad.  Lo importante no es que un mensaje sea o no cierto, sino que sea creíble. De ahí que la persuasión se convierta en la principal preocupación del emisor de mensajes de este tipo.