martes, octubre 09, 2018

El Centro Cultural de la Universidad del Tolima ha muerto



-Acerca de la reiteración de un mito-

| Por: Julio César Carrión Castro |

En el discurso sobre la desaparición de los oráculos cuenta Plutarco de Queronea que, bajo el reinado de Tiberio, cerca de las islas Equinados en el Mar Egeo los navegantes escuchaban una misteriosa voz que les ordenaba: "Anuncia que el gran Pan ha muerto". La narración de esta historia, presuntamente acaecida en tiempos del nacimiento del cristianismo, sería interpretada como una clara señal de la muerte del paganismo. El antiguo dios de la naturaleza sería derrotado en compañía de los demás dioses de la vida y la alegría. Eros y Dionisos sucumbirían también ante el avasallador empuje del monoteísmo y del ascetismo cristiano. ¡Implacable ha sido el vencedor!.

Queriendo acabar con el impío enemigo el cristianismo proscribió sus credos, destruyó sus símbolos, estigmatizó sus prácticas y saberes y promovió la exterminación de sus adeptos y predicadores; brujas, herejes, disidentes y paganos, serían perseguidos y exterminados. Hogueras y mazmorras pulularían entonces por toda Europa. Por mandato administrativo desaparecerían la risa y la alegría; el Aquelarre y la fiesta, sustituidos por el rigor religioso y la cordura oficial.

La naturaleza y los placeres fueron considerados desde entonces demoníacos, satánicos, infernales. Nietzsche lo denunció: "El cristianismo dio de beber veneno a Eros: éste ciertamente no murió, pero degeneró convirtiéndose en vicio".

El triunfo de esa irracionalidad cristiana o ilustrada, bajo las distintas ideologías oficiales del “progreso”, ha persistido, continúa vigente en las más variadas sociedades y entidades, públicas y privadas, políticas, económicas y culturales.

Como lo ha expresado George Steiner:

“El colapso de la humanidad en el siglo XX tuvo enigmas específicos. Se fraguó no a partir de los jinetes en las estepas distantes o con los bárbaros tocando la puerta. El nacionalsocialismo, el fascismo, el estalinismo (aunque, en esta última instancia, más opacamente) se engendraron dentro de un contexto, con los instrumentos socioadministrativos de los altos estadios de la civilización, de la educación, del progreso científico y del despliegue humanizante, del cristiano o del ilustrado”.

El Centro Cultural de la Universidad del Tolima ciertamente no ha muerto, pero ha sido estupidizado por mandato de la actual administración democrático-liberal, que es igual a las anteriores… y que se asume como transformadora y “progresista”...