martes, noviembre 27, 2018

De imperios, industrias y hombres grises: sobre el cine de Bernardo Bertolucci



La muerte del cineasta italiano permite hacer un repaso general sobre las constantes en su obra. Una historia al mejor estilo Hollywood, con gloria, olvidos y escándalos

| Por: Hernán Schell / Infobae |

Si uno analiza la carrera de Bernardo Bertolucci desde sus comienzos hasta su final, pareciera que se encuentra con esas esas historias espectaculares de Hollywood de ascenso y caída de un personaje.

Hijo de un reconocido poeta e historiador del arte italiano, escritor precoz que ganaba prestigiosos concursos literarios a los 15, Bertolucci no pudo tener mejor comienzo en el mundo del cine italiano cuando a los 20 años tuvo la oportunidad de trabajar como asistente de dirección del legendario Pier Paolo Pasolini para la extraordinaria película Accatone, de 1961.

Un año después de esa película, estaba ya dirigiendo la recomendable La cosecha estéril, coguionada por él y el propio Pasolini. La década del 60 siguió encontrándolo con trabajos atendibles, como su filmAntes de la revolución y la coescritura de esa obra maestra absoluta que es Érase una vez en el Oeste,dirigida por Sergio Leone. Pero fue en 1972, con la película El Conformista, que su prestigio como cineasta explotó. Este largometraje es al día de hoy una de las representaciones más originales y prestigiosas que se hayan hecho de la sociedad italiana en la época fascista. Su argumento gira en torno a un burócrata obsesionado con encajar en el entorno social, que poco a poco se iba volviendo un cómplice de dos asesinatos por el sencillo hecho de que había decidido adaptarse a un contexto marcado por la violencia.

En sus mejores momentos, El Conformista es una película visualmente hermosísima, pero también desesperante y asfixiante, que contiene dos de las ejecuciones más terribles que se hayan filmado nunca. Esas ejecuciones basan su característica impactante no sólo en la brutalidad de sus ejecutores, sino en la inquietante debilidad de carácter de un protagonista que habiendo posibilitado esto, no puede verse como otra cosa más que como un ciudadano temeroso, excedido por las mismas circunstancias que él posibilitó.