jueves, noviembre 08, 2018

Mitos y creencias, inconsistencia y vulnerabilidad ideológica: una crítica (desde el común) al pensamiento ‘crítico’ de los intelectuales



Por: Colectivo Comuna y Comunidad

Los seres humanos no tenemos cerebro. Somos nuestro cerebro. Cuando le cortan la cabeza a alguien, no lo decapitan sino que lo decorporan. Porque es en este prodigioso órgano donde somos, donde se genera nuestra autoconciencia, el «yo» de cada uno. Por tanto, lo que llamamos «yo» no es separable del cerebro. Si dijéramos «el cerebro me engaña», la implicación sería que mi cerebro y yo somos dos cosas diferentes. Mi tesis central es que el «yo» es un estado funcional del cerebro y nada más, ni nada menos. El «yo» no es diferente del cerebro. Ni tampoco la mente. Son unos de tantos productos de la actividad cerebral, a partir de la cual tenemos posibilidades ilimitadas de hacer realidad nuestros sueños.

Rodolfo Llínás en torno a su libro El cerebro y el mito del yo (2008)
 
El mito del Estado y la creencia en el derecho

Una creencia profundamente arraigada que impide la acción revolucionaria es el problema que ocasiona el mito del Estado. La democracia liberal reconoce derechos constitucionales que se refrendan mediante elecciones cada cuatro años que dejan inactivo al pueblo trabajador, lo paralizan en materia política sobre la idea que hay un día cada cuatro años en el que es posible “cambiar el rumbo”, y así de tumbo en tumbo...

Un punto central del pensamiento político actual es el reclamo por una estatalidad inexistente en América Latina y la consecuente imposibilidad del pacto social como eje central del liberalismo que sustenta el dominio ideológico del poder burgués. En Colombia como en América Latina, el Estado burgués no logró consolidar su función institucional para ejercer el monopolio de la recaudación fiscal y de la coacción física legítima, los dos monopolios clásicos cuya reivindicación está asociada con el poder estatal. El Estado en América Latina no logró obligar a sus ciudadanos pudientes a pagar consecuentemente los impuestos adeudados. A pesar de que las tasas impositivas directas son relativamente bajas si se hace una comparación internacional, no obstante, los ricos consiguen siempre sustraer una parte de su ingreso a la recaudación fiscal mediante transferencias a bancos europeos o norteamericanos. Las autoridades estatales se convierten frecuentemente, a posteriori, en cómplices de esta forma de evasión fiscal al prometer condonaciones impositivas a aquellos que estén dispuestos a repatriar el dinero evadido.

El monopolio de la coacción física no está en mejores condiciones. Ahora como antes, no todos los grupos sociales han abandonado las armas; la justicia por mano propia es un fenómeno muy extendido y un gobierno que no puede dejar satisfechos a sus ciudadanos tiene que contar con que éstos se rebelen de manera más o menos violenta contra los órganos y las instituciones estatales.

Desde el punto de vista estructural, la debilidad del Estado se presenta como la incapacidad de garantizar un orden pacífico vinculante para todos y brindar las prestaciones elementales; esto significa, una fragilidad que se relaciona con la posibilidad de convivir por un lado y con la organización y protección social, por el otro. Dos situaciones estrechamente relacionadas entre sí y cuya endeble presencia tiene como trasfondo la incapacidad estatal de hacer cumplir las leyes y los decretos y no solo promulgarlos. Es en el ámbito legal donde más claramente se manifiesta que en muchos Estados latinoamericanos la estatalidad nunca ha sido realizada: empezando por las constituciones cuya letra y espíritu se infringen en forma permanente, pasando por las leyes con frecuentes deficiencias técnicas, contempladas por los ciudadanos en principio con desconfianza y aplicadas por las autoridades administrativas de manera selectiva y arbitraria, hasta los jueces y tribunales, no siempre accesibles para el ciudadano corriente y considerados corruptos en general. La aplicación del derecho en América Latina es un amplio campo que permite observar todas las formas de desviación imaginables de lo que realmente merecería el nombre de Estado de derecho.

La debilidad estatal tiene dos aspectos complementarios: por un lado, el Estado nunca ha podido imponerse en los aspectos centrales de la soberanía (monopolio de la recaudación impositiva y de la fuerza) frente a los grupos de la sociedad y los individuos que le disputan este derecho. Por otro, nunca ha conseguido refrenar ni disciplinar a sus propios miembros y órganos, siendo esto en parte la consecuencia y la causa de lo mencionado antes. No son únicamente los ciudadanos corrientes quienes no tienen mucho respeto ante la ley sino que los propios funcionarios del Estado las contravienen con regularidad.

Crítica al concepto de justicia

El socialismo, poniendo en lugar de la justicia política, jurídica y divina, la justicia humana; reemplazando el patriotismo por la solidaridad universal de los hombres, y la competencia económica por la organización internacional de una sociedad fundada en el trabajo, será el único que podrá acabar con estas manifestaciones brutales de la animalidad humana, con la guerra.
M. Bakunin

Desde un punto de vista estructural, la crisis del Estado se presenta como la incapacidad de garantizar un orden pacífico vinculante y brindar las prestaciones elementales, esto es, una fragilidad que se relaciona con la convivencia por un lado y con la organización y seguridad social, por otro. Se trata de dos componentes relacionados entre sí y cuya difusa presencia tiene como trasfondo la incapacidad estatal de hacer cumplir las leyes y no solo promulgarlas. En efecto, es en el ámbito legal en el que con más claridad se manifiesta que en los Estados suramericanos la estatalidad nunca ha sido realizada: las constituciones cuya letra y espíritu se infringe en forma permanente, pasando por las leyes con frecuentes deficiencias técnicas, contempladas por los ciudadanos en principio con desconfianza y aplicadas por las autoridades administrativas de manera selectiva y arbitraria, hasta los jueces y tribunales, no siempre accesibles para el ciudadano corriente y considerados corruptos en general. La aplicación del derecho en América Latina es un amplio campo que permite observar todas las formas de desviación imaginables de lo que merecería el nombre de Estado de derecho y de la remota posibilidad de poner en práctica el contrato social.

Aquí cabe la pregunta sobre la relación del Derecho con la Justicia. Socialmente se ha llegado a tratar estas dos palabras como sinónimos. Puede que tal uso provenga de una herencia iusnaturalista, o de un positivismo ideológico extremo. Sin embargo, tal uso resulta, cínico. Para muchos la única justicia posible es la que se le acredita al Derecho moderno liberal. ¿Pero qué justicia ha obtenido el Derecho distinta a una burda concepción de esta que trata a los desiguales como iguales (igualdad formal), haciendo permanecer intacto el statu quo?

A grandes rasgos y de manera concreta, la concepción por la que se propugna consiste en que la Justicia solo puede ser alcanzada mediante una verdadera justicia social. Verdadera no en un sentido absoluto, sino en el sentido que tiene que ser universal–transnacional, válida para todo ser humano—, en la cual todo hombre y mujer tengan la posibilidad de vivir dignamente.

No es necesario abundar en las razones (y sentimientos) por las cuales se defiende un concepto de justicia específico, pues no se está proponiendo una nueva teoría de la justicia. En resúmen se puede pensar con respecto a la justicia que, como punto medular, a todo ser humano se le debe reconocer una calidad de vida superior a la mínima supervivencia. No basta con solo asegurar la vida. Esta concepción está radicalmente en contra de las propuestas neoliberales y liberales que consideran que los problemas de justicia en el mundo tienen como causa que falta más liberalismo.

Los estudios parecen deducir que el verdadero problema de la irrealización o inaplicación de los derechos políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales se centra en el mundo económico y político, más que en el jurídico, de forma que la eficacia real de esos derechos debe estar en una base material y estructura económica que permita la solidaridad, y se desprenda de mediciones apoyadas en la eficiencia y la maximización.

Así, el problema, sin duda, no es solo de falta de recursos o de escasez, sino de distribución. La especial vinculación entre los derechos económicos y sociales —y las necesidades básicas, pone de relieve que sólo una política económica que provea criterios equitativos de distribución de bienes sociales puede aportar elementos suficientes para fundamentar de manera consistente derechos que garanticen la prosecución de un plan de vida y la interacción con otros.

Apostando en la guerra de intereses por la supremacía del bienestar social y la equidad, la realización de los derechos plantea el reto por la desmercantilización de los seres humanos, su libertad real e igualdad material, lo que se podría concretar en las condiciones para el ejercicio pleno de la ciudadanía que, rechazando la concepción liberal de derechos excluyentes, apuesta por los derechos de integración o inserción.

La pobreza e iniquidad en la distribución de los ingresos constituyen el elemento estructural por el cual —con suma dificultad— se puede esperar cambios significativos orientados a la materialización verdadera de los derechos, ni siquiera en su núcleo básico, toda vez que se continúa pensando en el desarrollo económico como un fin en sí mismo. Bajo esta visión, la lucha contra la pobreza y la iniquidad en el acceso y distribución de los recursos no sólo habla de un aspecto disfuncional del mercado capitalista, sino que enfrenta a un problema de justicia y ética, desde el cual la pobreza debe ser considerada un mal en sí misma, dado que “quienes la padecen carecen de lo indispensable para ejercer el más mínimo grado de autonomía y de capacidad para llevar a cabo planes de vida”.

La debacle en el modelo económico neoliberal plantea a los revolucionarios las posibilidades de ruptura para un futuro diferente; la perversidad del modelo económico neoliberal se convierte en el escenario justo para idear y apostar por una alternativa radical y humanista.

El mito de la subjetividad para la acción colectiva versus la conciencia de la ‘clase para sí’

Levantamientos populares y rebeliones sociales precipitaron la caída de gobiernos, cuestionaron mecanismos institucionales y arrinconaron a modelos económicos, parecieron marcar el camino de la resistencia y lucha popular a inicios del siglo XXI; así aconteció en el Ecuador en el 2000 y 2001, con amplias movilizaciones de diversos sectores y una destacada presencia del movimiento indígena, así se produce en este 2002 en Argentina con los denominados "Cacerolazos", acontecimientos similares hubieron en estos meses en Costa Rica, México, Brasil. Son irrupciones populares que rompen los moldes establecidos de participación social y política, ensayando propuestas como "Congresos del Pueblo" o "Parlamentos Populares" (Ecuador, 1999 y 2000) o las "Asambleas Poblacionales" (Argentina, 2002) que implicarían cuestionamientos a las estructuras de poder. A su vez, en el marco de estas rebeliones parecieran desarrollarse nuevos procesos de concientización y organicidad masiva, pero que aún aparecen limitados para alcanzar a superar hegemonías impuestas. Está dinámica fracasó como resultado del colapso del progresismo y el desvarío de las izquierdas no sólo en América Latina sino en el resto del planeta.

Surgen varias preguntas cuya solución exige un análisis cuidadoso. Seguramente habrá quién al dar su opinión apoyado en una especulación, se apoye en un discurso o jerga esotérica de ‘izquierda’. El primer paso para el análisis es mirar que pasó exactamente en un país como Ecuador antes de ver lo de Argentina, lo de Uruguay, también en Chile, Bolivia en particular en Venezuela y Brasil. ¿Estamos hablando del mismo caso? Luego ¿cuáles fueron los logros y los fracasos de la experiencia ecuatoriana? ¿Qué entendemos por movimiento popular, quién está detrás, y cuántos? ¿Cómo es el background ideológico de los integrantes, si es acaso necesario? ¿Existen aspiraciones políticas serias, fundamentadas, y viables o un simple entusiasmo revoltoso? ¿no se corre el riesgo de la manipulación de partidos de izquierda y derecha, populistas y nacionalistas con panfletos y discursos desactualizados y caducos?
La transformación de una realidad no es tarea de un solo actor, por más fuerte, inteligente y creativo y visionario que sea. Ni solos los actores políticos y sociales, ni solos los intelectuales pueden llevar a buen término esa transformación. Es un trabajo colectivo. Y no sólo en el accionar, también en los análisis de esta realidad, y en las decisiones sobre los rumbos y énfasis del movimiento de transformación.

Los actores tradicionales se han quedado rezagados en su concepción del ‘movimiento de masas’ entendida como la única fuerza en capacidad de ‘transformar la realidad’, esto es, como sujeto revolucionario. Tanto los ‘partidos políticos’ como los ‘movimientos sociales’ son en verdad expresión de la necesidad de una dirección del movimiento. La experiencia muestra que el movimiento tiene la capacidad de ejercer per se su propia dirección y definir su forma de organización. Cuando la dirección se ejerce ‘desde afuera’ se encuentra el germen de una burocracia estatal que al momento de “asumir el poder” se convierte en una oligarquía en su sentido de “gobierno de pocos”. Esta implosión viene a limitar la idea de emancipación y de libertad.

La opción emancipadora se edifica sobre la base del desprendimiento de la idea de ‘Estado’. La coyuntura por la que transita la humanidad evidencia que la corrupción es consustancial al Estado. Su forma institucional característica: el presidencialismo y el centralismo, son los ejes del ejercicio oligárquico del poder que se mantiene y reproduce merced al control que ejerce el ejecutivo sobre órganos parlamentarios irredimibles que no obstante poseen la capacidad de producir las leyes. En la realidad tanto la rama legislativa como la judicial son la prolongación del ejecutivo: la idea de la división y el equilibrio de poderes como base de la democracia liberal no es más que una entelequia.

La revolución burguesa no fue una revolución democrática ni la revolución proletaria logró sus propósitos emancipadores. El establecimiento muestra su incapacidad para dar curso a reformas integrales que den forma a una nueva institucionalidad basada en la autonomía territorial, la participación democrática y el gobierno popular en las regiones que hoy conforman nuestros países.

Estamos presos de un sistema electoral en el que pocos participan y quienes lo hacen para formar sus propias ‘mayorías’ están motivados por una promesa o una contraprestación personal propia del sistema clientelista. La vía armada al estar desarticulada del movimiento de masas (en particular de la vida urbana donde se genera la riqueza y se controla la información y el presupuesto público) no tiene posibilidad alguna de producir un cambio estratégico en la correlacíón de fuerzas. La combinación de las formas de lucha se ha convertido en una táctica improcedente y superflua.

De lo que se trata entonces es de desplegar los esfuerzos necesarios para romper con la concepción de Estado y reinvindicar un concepto de lo público no estatal que posibilite el acceso a los servicios públicos y sociales sin que su accesibilidad dependa de la capacidad adquisitiva. Debemos pasar a un tipo de relaciones de producción que posibilite superar la relación dineraria y tener la posibilidad de una vida decente sin que medie la posesión de dinero. Por el solo hecho de tener la condición humana los derechos deben realizarse, no por concesión o dádiva del Estado, sino como forma de organización social, de la vida en comunidad.

¿Qué perspectivas políticas se estarían abriendo con la ampliación del espectro de participación social, dado que a los actores tradicionales se sumarían ahora otros nuevos y muy variados?

Avanzar en la democracia, pasar de la democracia formal a la real, de la representativa a la participativa, de la descentralización a medias a la regionalización, del presidencialismo al parlamentarismo, del estado-nación a la autonomía regional, en otras palabras: de las repúblicas oligárquicas a las repúblicas democráticas. En los municipios irrumpir para ganar el control del presupuesto público y sacar a los corruptos para avanzar en el mejoramiento de la administración pública. Luchar por tener elecciones realmente limpias y competitivas y no al servicio de los partidos tradicionales o ad-portas de serlo o con vocación de serlo. Evitar la desregulación del mundo del trabajo y ganar una iniciativa en el control y manejo de las empresas y de las instituciones.

El método del trabajo político busca aplicar formas de coordinación y de cooperación horizontal, discute en ‘rondas circulares’ en que todos hablan pero nadie habla más de la cuenta, y sin tarimas para los caudillos; cuestiona la efectividad de los paros para firmar acuerdos que luego se incumplen al no plantearse la construcción de un poder alterno; canaliza la energía social más bien hacia otras formas propias de organización económica, social, política, educativa, cultural y de gestión tecnológica y científica, y no se detiene en tantas explicaciones para obviar la falta de claridad de las “masas”, procura construir la “voluntad general”, mermar el discurso, evitar la palabrería y el protagonismo fatuo.

¿Cuáles los aportes y limitaciones de los proyectos históricos, así como de las nuevas alternativas?

Pensadores revolucionarios de la talla de Toni Negri con su condición humana falible, sus obvias limitaciones y naturales errores, explica que el movimiento mismo ya no tiene la capacidad de reconocer procesos reales de recomposición política y social. La militancia significa capacidad de investigación, de reconstrucción de los hilos en el interior de los movimientos. Ese movimiento de militantes debe recomponerse en el acontecimiento; sin acontecimiento, sin capacidad de decisión en el acontecimiento, todo lo demás corre el riesgo de resultar permanentemente inútil o quizás, si no inútil, desde luego ineficaz. “Hoy estamos en una situación en la que la vida ha ido condenadamente más allá de la disposición de las relaciones de fuerza. Desgraciadamente, ya no se trata de ‘constitución formal/constitución material’, tal y como estábamos acostumbrados a considerarlo en los términos del derecho público alemán del siglo XIX: hoy nos vemos frente a fenómenos nuevos que podemos definir como imperiales (que no tienen nada que ver con el viejo imperialismo) y que no sólo consisten en la globalización geográfica de los procesos de explotación, sino en la compenetración total, biopolítica precisamente, de la vida, lo político, el trabajo, el afecto, de la singularidad de lo común. Hoy los procesos de subjetivación sólo pueden aferrarse dentro de esta intensidad”.

¿En este heterogéneo y complejo escenario, cuáles serían los retos y roles de los ‘partidos de izquierda’ y de los movimientos sociales tradicionales?

En las distintas provincias y regiones del país se impulsan actividades encaminadas a propiciar un proceso que permita a Colombia convertirse en una república regional unitaria a través de un amplio y profundo proceso de reflexión y acción popular que no se ha intentado hasta ahora.

La Constitución de 1991 no pasó de ser sino un buen borrador de una buena Constitución y se ha quedado corta frente a una dinámica histórica marcada por el conflicto interno. El texto de la carta política del 91 ha quedado inerme frente a los retos de transformación del régimen político y económico vigente que genera corrupción y concentración. Hoy por hoy los derechos sociales no se han hecho efectivos. Mientras no se produzcan estos cambios por vía de la participación democrática no se superará el ilusionismo constitucional.

La búsqueda de condiciones sociales como base material para el avance de un eventual proceso de paz requiere la elaboración de una política de empleo que tenga en cuenta las modificaciones estructurales que requiere el modelo económico de apertura indiscriminada en cuanto a la necesidad de dar paso a una apertura gradual y selectiva y “hacia fuera”, reorientar el papel de la banca central, dar paso a la banca de fomento y al control de las tasas de interés, y el impulso a la democratización de la propiedad agraria y a la reforma urbana.

Sigue en pie la búsqueda de reformas políticas que sobre la base de la descentralización y la regionalización permitan el mejoramiento de las condiciones de vida de la población como sustento para el impulso del proceso de paz. La agenda incluye temas como la política social, la erradicación de cultivos ilícitos, la reforma agraria, la ley de ordenamiento territorial.

No ha sido bienaventurado el criterio de fortalecer la capacidad de gestión política-administrativa de los entes territoriales y de reordenar el territorio sobre un nuevo esquema político-administrativo que responda a los cambios sufridos en la realidad económica y social resultado de las transformaciones de los últimos 50 años marcadas por la urbanización, la internacionalización, la desagrarización, la desindustrialización, la tercerización y la financiarización, que acompañan en su conjunto la profundización de la crisis nacional y la conflictiva relación campo-ciudad.

Por todo lo anterior es necesaria una reconfiguración de Colombia como una nación en las que las regiones adquieran personería jurídica y logren una coordinación institucional que se constituya en la base para el desarrollo social y político en ejercicio de la autonomía y la identidad cultural propia de nuestras regiones.

¿Reconocemos que estaríamos en un nuevo auge de las luchas sociales en América Latina, que parecería desbordan cualquier predicción o análisis, cuáles serían las particularidades de éste en comparación con otros momentos similares del pasado?

La globalización -o más bien las globalizaciones en curso- parecen dejar atrás la posibilidad de un sistema social fuerte y vigoroso que coadyuve al desarrollo nacional que se sustente a su vez en una estructura económica que garantice un empleo remunerado, estable y productivo. El enfoque socialdemócrata (o más bien de socialismo liberal) ha sido rebasado en su aplicabilidad por la nueva realidad global pues como lo aclara Boaventura De Sousa Santos, (a) “la exclusión social es un eufemismo para designar los efectos predatorios de la globalización económica neoliberal”, y (b) “el capitalismo inflige un daño sistemático a la mayor parte de las poblaciones del mundo, así como a la naturaleza y al medio ambiente. Sólo una oposición unificada al capitalismo global puede reducir, si no eliminar, tal daño”.

La equidad no puede codificarse como un sistema de reglas. En efecto, se produce una desintegración de la regla y de su conversión/aplicación en ley. En la sociedad posliberal (a) el debilitamiento del Estado de bienestar se acompaña de un declive en el sentido de la norma y de la fuerza de la ley en su rol de regular/cohesionar; (b) el fortalecimiento de una modalidad de Estado corporativo y el ataque a lo público y a la ley positiva; (c) el retroceso de la legalidad, pero también de la formalidad como instrumento de equidad y solidaridad. Este es el punto clave de la formalidad en la ley con relación a las ideas de igualdad y solidaridad.

Son los atributos del orden legal amenazados por las tendencias históricas y las oportunidades y peligros que acompañan su subversión. Algunos autores critican el peligro de alcanzar la solidaridad por medio de un sistema de derechos. La solidaridad no se resuelve por vía formal, se requiere un acto efectivo supra jurídico (de contenido ético), en el plano del comportamiento económico-social consistente en ceder los intereses propios en beneficio de un tercero con una determinada intencionalidad social.

Marx sin mito: notas de una conversación con Fals Borda en 2003 sobre el socialismo raizal

En un debate con Fals saltó la pregunta ¿Qué pasa con Marx? A pesar de sus ignorancias, a pesar de que fue el resultado de su propio contexto histórico, cultural; es el que nos ha abierto la puerta para entender lo que está pasando hoy en el sentido más macro, y es en el sentido de la crítica al capitalismo, pero una crítica de la entropía del capitalismo, de las tendencias autodestructivas, del capitalismo; eso es lo que están empezando a sentir en Alemania y en todas partes, y que se resume, finalmente en la entropía de la destrucción de la naturaleza del capitalismo, lo sabemos, y hasta por cierto, los capitalistas lo reconocen, no resuelve el problema ambiental, lo empeora, por eso los paraísos que tenemos aquí, nosotros en Colombia, de esta selva húmeda tropical, con los restos con los que nosotros podemos defendernos de las amenazas y de las entradas destructivas de ese capitalismo utópico; por eso, en estas partes tropicales hay que ver el nuevo contexto para redefinir el socialismo, es acá, lo que requiere de nosotros es redefinir, con nuestras propias raíces lo que se quiere decir como socialismo, que no es la definición marxista clásica, no es lo que hicieron en Alemania, no es lo que hicieron los socialdemócratas, no son los rusos, no son los chinos, y me temo que por ese hermetismo tan grave de nosotros los latinoamericanos, que queremos ser colonos intelectuales, es por lo que tampoco nos va a satisfacer la versión del socialismo cubano, muchas de las cosas de Cuba, hay que aprender de ellas, asumirlas e imitarlas, parte cultural, científica, etc. en cuanto tiene que ver, a recuperar en el modelo socialista cubano, el modelo entrópico, del socialismo europeo, están equivocados, y nosotros aquí en Colombia, y ojalá Chávez, tome nota, de que no es imitando el socialismo de otras partes, como se fabrica el socialismo propio, eso no lo digo yo, eso lo ha dicho el mismo Lenin, creo que hasta el mismo Marx lo dijo, no es nuevo, cada país tiene que hacerse su propia revolución, ¿quién lo dijo?, ya ni me acuerdo quien fue, pero de que es verdad es verdad.

Volvamos al tema de los conceptos y sus orígenes, más si me meto en las cultural de América Latina y de Colombia, más llego a respetar las culturas y las tradiciones que nos han enseñado a rescatar, lo digo por la cultura de los indígenas, no hay ninguna razón para seguir esa campaña de destrucción de la cultura indígena, que además ha demostrado una gran resistencia, una resistencia histórica, 600 años peleando contra el Papa, contra los Papas, contra los reyes, contra los nobles, contra los seguidores, y aunque ya están muchos de ellos corrompidos por este capitalismo entrópico, encuentran la manera, persisten, le encuentran la comba al palo, del capitalismo, para favorecerse y defender su vida, como en las épocas de la conquista, los indígenas adoptaron el machete, por fortuna, también el rol, adoptaron la gallina, saben que escoger de los capitalistas; marchan por las carreteras colombianas como lo hicieron hace poco, como Toribio, que está hoy sufriendo un ataque inhumano de parte de la guerrilla de las Farc, irrespetando a una comunidad de paz y por lo tanto dándole argumentos al gobierno de Uribe, donde ya se hizo el primer irrespeto a la comunidad de paz, en San José de Apartadó, sin embargo, salen estos indígenas a las calles, a las carreteras masivamente, gritando y demostrando en ese sentido que esa es la vanguardia de la revolución colombiana. Donde están las clases trabajadoras, están luchando por sobrevivir en unas fábricas atacadas por el capitalismo salvaje, y esa cultura indígena todavía está aquí, viva y coleando, en cada uno de nosotros está presente.

El Huitoto es el primer grupo originario que se me ocurre, para buscar raíces para un socialismo autóctono, propio, de aquí, que sepa a bollo de yuca, ese es el primero, los indígenas. Segundo, los negros, y no los esclavos, los rebeldes, cimarrones, los que hicieron los palenques, y los palenques vienen desde el siglo XVI; una tercera parte del país ha sido ocupado por palenques y por negros, una tercera parte del país por los indígenas, ¿dónde están los blancos? Aquí en estas tierras frías y de páramos; y los negros cimarrones, ahí están, despreciados y humillados, pero son los que nos han enseñado el valor de la libertad. Los indígenas nos enseñaron el valor de la cooperación.

Y en tercer lugar, un grupito que se olvida siempre al estudiar, pero que por fortuna ya yo lo descubrí hace tiempo, que es el de los campesinos artesanos, ¿cuáles? los españoles pobres, los que vinieron escondidos como polizones en las mercantiles, los que no tenían plata para comprarse un caballo y se embarcaron. Esos campesinos artesanos venían de una tradición antiseñorial muy fuerte, esa tradición era la de los fueros que obligaban a los reyes y a los nobles a hincarse de rodillas ante los pueblos para respetar estas reglas, la tradición antiseñorial no nació aquí, nació en España y la trajeron estos pobres. Y aquí fue cuando se crearon lo que con orgullo aparece en la historia de Henao y Arrubla: (...) los comuneros, quienes eran los comuneros en la colonia, era esta gente rebelde que decía: la ley se recibe del Rey pero no se cumple (...), los rebeldes de las comunas, los que inventaron el concejo municipal, el municipio, las instituciones de gobierno, de base, ocuparon muchos intersticios del país. Y la última raíz histórica que he sentido que está allí viva también, la de los colonos (...) del siglo XIX para acá, ¿qué pasó con ellos? De los pueblos ya establecidos salían huyendo, cada vez que había una guerra civil; huyéndole a los reclutadores liberales, y ellos fueron llenando todos esos espacios. Y de ellos creo que ganamos el ideal y el valor de la autonomía, esa es la tradición que revive en nuestras comunidades de paz de hoy; por eso el gobierno hace un crimen en esta patria que es irrespetar a estas comunidades, porque son los que han fundado al país con su aporte de nacionalidad; los indígenas, los negros, los campesinos y artesanos y los colonos; gente pobre, impresionante en este país, que los que han pertenecido a esta Atenas suramericana se apenen; podremos pensar nosotros en un socialismo propio natural de éstas raíces y material de las raíces intelectuales, de un marxismo...?  ¡estoy seguro: sí! Y esa es mi última esperanza...aquí estamos en esa etapa todavía. Hay algunas fuentes, algunas cosas que se han publicado...hay un texto publicado por la Fundación Nueva República...que se titula ¿Por qué el socialismo ahora?, salió el año pasado. Ahora, significa ya. Francamente ahí está el primer intento de esta tesis (no se entiende bien) sobre la teoría de los grupos originarios en Colombia.

Y en cuanto al contexto, es la clave de la explicación, el contexto nos forma y nos guía, va a ser posible que construyamos nuestras propias propuestas intelectuales y políticas, científicas y tecnológicas ante el reto de nuestro propio entorno, que es el trópico, por fortuna son tropicales y no de las tundras de Finlandia.

Creo que para eso la declaración que tuvo el honor de firmar, como el biólogo más importante de este país, ya muerto, el año pasado, el doctor Luis Eduardo Mora, que se titula “Para superar el eurocentrismo con el trópico”, ¿cómo es posible que un biólogo firme junto con un sociólogo, a quien se le ha considerado un subversor en este país? ¡cómo es posible que un biólogo, presidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, un hombre de la ciencia dura, firme esta declaración? Lo más interesante es claro, lo que te voy a entregar no es el texto original, aunque te lo puedo facilitar, es la traducción al inglés, publicada en Inglaterra, en una revista científica de una universidad. Yo creo que el pretexto es recuperar el contexto, no avergonzarnos de nuestras tradiciones, recuperar nuestras raíces sociales y políticas.

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Para extraer las acostumbradas conclusiones que con rigor se exigen al autor al culminar con sus anotaciones la lectura a un documento, en este caso el producto será resultado del estudio autodidacta y colaborativo que alimente el debate colectivo en la actualidad ajeno a la vida práctica y al ethos revolucionario…

Comuna y Comunidad. 2018
APÉNDICE
En torno al Manifiesto a 170 años de su promulgación: vigencia del concepto histórico-universal de clase obrera.

Marx fue conminado a finales de enero de 1848 por la Liga de los Comunistas para que cumpliera con su compromiso de redactar el Manifiesto. Ya Engels había suministrado el suficiente material de referencia y propuestas para la elaboración inmediata pero la meticulosidad de Marx hacía que el trabajo no fuese tan fluido como lo reclamaba la urgencia de contar con un documento programático que orientara la acción de los trabajadores bajo las premisas políticas y las ideas comunistas.

Lo que muestra el Manifiesto es que la tarea histórica del proletariado se hace de manera voluntaria y consciente. A diferencia de todas las clases que lo han antecedido en el control de la vida social el proletariado realiza un proyecto histórico, esto es, para auto liberarse y a la vez liberar a la humanidad. La filosofía política que Marx y Engels proponen en el Manifiesto, el primer aspecto para la liberación de los explotados y oprimidos es tener conciencia: tener conciencia de los que se ha sido y de los que se es. Tener conciencia significa saber situarse en la historia de la humanidad y en su presente.

El Manifiesto no contiene lamentos ni imprecaciones, tampoco expresa odio o resentimiento, es una pieza magistral de la literatura política contenida en su versión original en alemán en solo 23 páginas. Más bien está pletórico de generosidad y exalta las mejores condiciones del ser humano. No sólo da las claves conceptuales y las precisas ideas, sino que insuflan el espíritu para que asuma la identidad y la conciencia necesaria para luchar por la transformación del mundo y resolver el mal social del mundo contemporáneo: la desigualdad social y la lucha de clases. La sentencia que pronuncia el Manifiesto contra la clase burguesa no tiene pues nada de moralista ni está fundamentada en una opción de tipo ético, o sea en un 'deber ser', sino que se ve como resultado de un proceso objetivo, de orden material-social, en todo y por todo en el marco de un proceso histórico-universal.

Ya en la Ideología Alemana (1845) Marx y Engels explican con precisión la razón social del fenómeno social del poder, en los siguientes términos:

Precisamente porque los individuos sólo buscan su interés particular, que para ellos no coincide con su interés común, y porque lo general es siempre la forma ilusoria de la comunidad, se hace valer esto (el poder político) ante su representación como algo 'ajeno' a ellos e 'independiente' de ellos, como un interés 'general' a su vez y peculiar, o ellos mismos tienen necesariamente que enfrentarse en esta escisión, como en la democracia. Por otra parte, la lucha práctica de estos intereses particulares que constantemente y de un modo real se enfrentan a los intereses comunes o que ilusoriamente se creen tales, impone como algo necesario la interposición práctica y el refrenamiento por el interés 'general' ilusorio bajo la forma del Estado. El poder social, es decir, la fuerza de producción multiplicada, que nace por obra de la cooperación de los diferentes individuos bajo la acción de la división del trabajo, se le aparece a estos individuos, por no tratarse de una cooperación voluntaria, sino natural, no como un poder propio, asociado, sino como un poder ajeno, situado al margen de ellos, que no saben de dónde procede ni a donde se dirige y que, por tanto, no pueden ya dominar, sino que recorre, por el contrario, una serie de fases y etapas de desarrollo peculiar e independiente de la voluntad y de los actos de los hombres y que incluso dirige esta voluntad y estos actos. Con esta 'enajenación', para expresarnos en términos comprensibles para los filósofos, partiendo de dos premisas prácticas. Para que se convierta en un poder 'insoportable', es decir, en un poder contra el que hay que sublevarse, es necesario que engendre a una masa de la humanidad como absolutamente 'desposeída' y, a la par con ello, en contradicción con un mundo existente de riquezas y de cultura, lo que presupone en ambos casos, un gran incremento de la fuerza productiva, un alto grado de su desarrollo; y, de otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al mismo tiempo, una existencia empírica dada en un plano histórico-universal, y no en la vida puramente local de los hombres) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque con ella se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la inmundicia anterior; y, además, porque sólo este desarrollo universal de las fuerzas productivas lleva consigo un intercambio universal de los hombres, en virtud de lo cual, por una parte, el fenómeno de la masa 'desposeída' se produce simultáneamente en todos los pueblos (competencia general), haciendo que cada uno de ellos dependa de las conmociones de los otros y, por último, instituye a individuos histórico-universales, empíricamente mundiales, en vez de individuos locales. Sin esto, 1º el comunismo sólo llegaría a existir como fenómeno local; 2º las mismas potencias del intercambio no podrían desarrollarse como potencias universales y, por tanto, insoportables, sino que seguirían siendo simples 'circunstancias' supersticiosas de puertas adentro, y 3º toda ampliación del intercambio acabaría con el comunismo local (La ideología alemana, pp. 35-37, Ediciones Pueblos Unidos, Montevideo, 1966).

Y aclaran que:

(...) Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente. Por lo demás, la masa de los simples obreros -de la fuerza de trabajo excluida en masa del capital o de cualquier satisfacción, por limitada que ella sea- y, por tanto, la perdida no puramente temporal de este mismo trabajo como fuente segura de vida, presupone, a través de la competencia el mercado mundial. Por tanto, el proletariado sólo puede existir en un plano histórico-mundial, lo mismo que el comunismo, su acción, sólo puede llegar a cobrar realidad como existencia histórico-universal. Existencia histórico-universal de los individuos, es decir, existencia de los individuos directamente vinculada a la historia universal. (pp.37-38).

Y caracterizan así la apropiación por parte del proletariado:

(...) en la apropiación por los proletarios es una masa de instrumentos de producción la que tiene necesariamente que verse absorbida por cada individuo y la propiedad sobre ellos, por todos. El moderno intercambio universal sólo puede verse absorbido entre los individuos siempre y cuando se vea absorbido por todos.

La apropiación se halla, además, condicionada por el modo como tiene que llevarse a cabo. En efecto, sólo puede llevarse a cabo mediante una asociación que, dado el carácter del proletariado mismo, no puede ser tampoco más que una asociación universal (...) (pp. 79-80).

Luego en el Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores el 28 de septiembre de 1864 se lee que:

(...) ni el desarrollo de la maquinaria, ni los descubrimientos químicos, ni la aplicación de la ciencia a la producción, ni los progresos de los medios de comunicación, ni las nuevas colonias, ni la emigración, ni la apertura de nuevos mercados, ni el librecambio, ni todo ello junto, puede acabar con la miseria de las masas trabajadoras, sino que, por el contrario, mientras se mantenga en pie la falsa base actual (producción social/apropiación individual), todo nuevo desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo debe tender necesariamente a ahondar los contrastes sociales y agudizar la contradicción social. Durante esta 'embriagadora' época de progreso económico, la muerte por hambre casi se ha elevado al rango de una institución (...) (Obras Fundamentales, tomo 17, FCE, México, 1988, p. 4).

Y agrega

(...) para dar frutos, los medios de trabajo no necesitan ser monopolizados como medio de dominación sobre y de explotación contra el trabajador mismo, y (a que) el trabajo asalariado, como en su día el trabajo del esclavo y el trabajo del siervo, es solamente una forma social transitoria y subordinada, destinada a desaparecer ante el trabajo asociado, que cumple su función con el brazo vigoroso, el espíritu ágil y el corazón contento (...) (ibidem, p. 6).

De ahí que el gran deber de las clases trabajadoras sea conquistar el poder político (ibidem, p. 7).

La lectura del Manifiesto no necesita para su adecuada interpretación de ningún sacerdote para que el pueblo lo entienda y respete. El Manifiesto contiene lo que intuye y quisiera el hombre del común, es un mensaje claro y preciso que permite una comunicación viva entre sus autores y los que vivimos siglo y medio después. Una idea básica del Manifiesto es que los de abajo tiene que liberarse a sí mismos, autoorganizándose políticamente. Este es tal vez el punto en que más se ha errado en la práctica del comunismo y con seguridad la prueba fehaciente de que hasta hoy este no se ha aplicado. El comunismo no ha fracasado, los que fracasaron fueron aquellos que se superpusieron a los trabajadores para dirigir “desde afuera” sus luchas, y que luego entronizaron en las distintas y variadas formas de “dictadura sobre el proletariado” que se conocieron en los distintos países del “socialismo” realmente inexistente. En verdad lo que propone el Manifiesto es que:

Todos los movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o en provecho de las minorías. El movimiento proletario es un movimiento propio de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría.
En los Estatutos provisionales de la AIT (1864), se lee, que:

( ..) que la emancipación de la clase obrera debe ser conquistada por la clase obrera misma; que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lucha por privilegios de clase, sino una lucha por derechos y deberes iguales y por la abolición de toda dominación de clase

(...) que la emancipación de la clase obrera no es un objetivo local ni nacional, sino un objetivo social que abarca a todos los países en que existe la sociedad moderna y cuya consecución depende de la cooperación técnica y teórica de los países más avanzados (. .).

Otro aspecto es el relacionado con el patriotismo y el nacionalismo. El Manifiesto indica que

(...) los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no tienen.
Marx y Engels conocían la uniformización de las condiciones de vida a que conducen la concentración de capitales y el mercado mundial, tenían que considerar un insulto a la razón la manipulación de los sentimientos nacionales por los de arriba en nombre de las patrias respectivas. En su texto Marx y Engels dicen que:

Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.

Punto sustancial es el de la crisis estructural de la civilización burguesa:

(...) la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de subsistencia, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas productivas de que dispone no favorecen ya el régimen de propiedad burguesa; por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo; y cada vez que las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a toda la sociedad burguesa y amenazan la existencia de la propiedad burguesa. (...) ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? (…) ¿En qué modo lo hace pues? Preparando crisis más extensas y reduciendo los medios de prevenirlas.

Sobre tecnología advierte que:

(…) el creciente empleo de las máquinas y la división del trabajo quitan al trabajo proletario todo carácter independiente y le hacen perder con ello todo atractivo para el obrero. Este se convierte en un simple apéndice de la máquina (…).
Y agrega que:

(…) en la sociedad burguesa el trabajo vivo no es más que un medio para multiplicar el trabajo acumulado. En la sociedad comunista, el trabajo acumulado no es más que un medio para ampliar, enriquecer y hacer más fácil la vida de los trabajadores.

Sobre la propiedad explica lo siguiente:

(...) Os horrorizáis de que queramos abolir la propiedad privada. Pero en vuestra sociedad actual, la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros; existe precisamente por el hecho de que no existe para esas nueve décimas partes. No reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad.

(…) en una palabra, nos acusáis de querer abolir vuestra propiedad. Efectivamente, eso es lo que queremos.

La propiedad privada (que no podemos confundir con la propiedad individual o personal, que no confiere a su dueño el menor poder de absorción de trabajo ajeno), la propiedad capitalista o de explotación, es la única que brinda las condiciones al individuo para monopolizar las fuerzas sociales, las condiciones mediante las cuales los “propietarios” pueden mediatizar para su exclusivo provecho las cualidades naturales e individuales, no sólo de las personas, sino también de las cosas. El dinero (la forma de propiedad más generalizada) tiene muy poco que ver con las características personales, y hasta puede ocurrir que sea directamente opuesto a ellas. Shakespeare escribió:

¿oro? ¿oro amarillo, brillante, precioso?  Con él se torna el negro blanco; hermoso el feo; noble el villano, y el malvado justo.
Por eso en el Manifiesto se anota que:

(…) ¿en que se basa la familia actual, la familia burguesa? En el capital, en el lucro privado. La familia, plenamente desarrollada, no existe más que para la burguesía; pero encuentra su complemento en la supresión forzosa de toda la familia para el proletariado y en la prostitución pública.

El derecho igualitario burgués es nivelador en abstracto, porque aplica a todos los hombres la misma medida, sin tener en cuenta sus diferencias físicas, familiares, intelectuales, etcétera. En la sociedad comunista el estrecho derecho burgués será depurado, y cada uno dará según sus propias capacidades y recibirá según las propias necesidades, pero para que ello sea así es menester que:

El lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, será ocupado por una asociación en la que el libre desarrollo de cada uno será la condición del libre desarrollo de todos.

En medio de las vicisitudes de la hora debemos recordar sin tapujos que:

Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas e intenciones. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Es en verdad muy grande el significado histórico-político del Manifiesto, este pequeño pero grandioso texto. A leerlo con juicio en nuestras cabezas quedan ideas claras de cómo unirnos con base en la fuerza de los fundamentos, pero lejos del fundamentalismo. Proponemos contra los exégetas y los dogmáticos un ejercicio de plena libertad creativa: la crítica del Manifiesto. ¡Amén!