sábado, diciembre 29, 2018

Carta a los oficiales de las FFMM colombianas


Por: Luis Orlando Ávila Hernández* |

A  pesar de la doctrina extranjera con la cual se les ha formado desde la Misión Kemmerer (1919) (Revista Credencial número 184)  hasta hoy, aún persiste entre muchos compatriotas, incluidos una buena parte de ustedes, la noción de patria, nación y del Estado Social y de Derecho.

El motivo de esta carta es solitariamente llamarles a tiempo a la reflexión ante la inminencia de verse ustedes (y de paso todos), nuevamente, como sujetos activos de la estrategia militar y geopolítica estadounidense, europea e israelí, para apropiarse, mediante la invasión armada en cuerpo ajeno, de toda la franja del Orinoco y de paso de todos los parques nacionales naturales existentes en Colombia y en Venezuela.

Décadas de formación exclusivamente bajo catedra extranjera, les llevaron a ustedes como sujetos activos hacia el concepto militar del enemigo interno (El enemigo interno en Colombia,  Alicia Ahumada, Ed. Abya-Yala, 2007) , igualmente estrategia militar geopolítica colonizadora de la cual los estadounidenses, los europeos y los israelitas fueron quienes sacaron su mejor provecho: mediante esta alucinación apátrida, impedir el desarrollo tecnológico nacional (soberanía), logrando la dependencia del país hasta en la misma formación universitaria pasando por la “donación” de los “insumos” de la “tecnología” y de la “ciencia” transferida en todos los campos del conocimiento, desde la agricultura nacional hasta la medicina y la salud pública.

Ejemplos de lo anterior: mucho de lo que hoy se propaga en el país como agricultura orgánica o ecológica y que solo se “acepta como apto” para vender por el sello pagado a una corporación estadounidense, europea o israelí, era la norma de producir alimentos desde finales del XIX y bien entrado el XX en casi todas las hectáreas o fanegadas agrícolas colombianas, con lo cual tras años de suprimir o impedírsele por organismos o instituciones formados o insinuados por la misma misión Kemmerer, nos encaminaron a su “revolución verde” (La revolución verde: tragedia en dos actos, Elian Ceconne, Revista Ciencias número 91, UNAM, 2008): la compra de sus stocks de armas químicas de la I y II guerra mundial, convertidas  como fungicidas, herbicidas e insecticidas, cuyo daño aún en el campo colombiano ninguna universidad colombiana ha medido.

En medicina, de la misma forma, aun no se ha medido o evaluado los tristes y fatales estragos en la descendencia de comunidades afro, indígenas o campesinas por décadas de la aplicación obligatoria por instituciones del gobierno colombiano de medicamentos y prácticas “sanatorias” eugenetistas estadounidenses, europeas e israelís (p.ej: la intención de “blanquear” o aclarar la piel a la mayoritaria población mulata y mestiza, o la secreta “cuaterización” paulatina en la capacidad del procrear de las mujeres más pobres) (La Eugenesia, la ‘ciencia’ para mejorar la raza, en América Latina, actualidadrt.com, 2018).

Y si esto sucedió, por ejemplo, en la agricultura y en la medicina desde 1920, ¿Qué en lo de ustedes, lo suyo? ¿Cuánto de lo que a ustedes les permiten usar es tecnológicamente propio? ¿los Galil? ¿las vetustas naves?¿los drones? ¿la ciberguerra? ¿las armas de destrucción masiva contenidas dentro de las siete bases militares de los aliados de la OTAN en nuestra patria?

Los estadounidenses, los europeos e Israel, cuentan y han contado desde la misma misión Kemmerer hasta hoy para coartar e impedir la soberanía (revolución) tecnológica colombiana (incluida la militar, la agrícola y la médica) y para perpetuar la dependencia bajo la doctrina de “los hermanos menores”, con dos históricos e indispensables aliados: los medios de comunicación y la intelectualidad, la oficial y la corporativa; la de los auto-premios, auto-galardones.  De ello, si existen probados documentos, estudios y registros académicos e independientes.

Para la muestra un reciente botón de esta alianza non sancta: la última columna editorial del escritor antioqueño Hector Abad Gomez Faciolince en el diario El Espectador: “El año del desánimo” (diciembre 23, 2018).  

Los intelectuales y los dueños de los medios de comunicación, estructurales a los estadounidenses, europeos y a Israel, podrán usar su doble nacionalidad y huir del país, ante la cercana Hecatombe (“Reelección, solo si hay una Hecatombe”, El Tiempo, octubre 31, 2007) que proyectó en sus dos presidencias y que ahora está más cercana, el señor Alvaro Uribe Velez, que dicho sea de paso no ha sido militar ni tiene ascendencia (ni descendencia pues evadieron el servicio obligatorio) militar.

Los teatros de guerra que el mentado señor, por orden de europeos, estadounidenses e Israel,   les obligó a trazar y a ejercitar desde 2002 en Brigadas y Batallones, mientras Hugo Chavez Frias, un militar que gobernó democráticamente a Venezuela, fueron solo eso: ejercicio para embolatarles.

Él y su partido Centro Democrático, fueron solo el proscenio (los idiotas útiles) para la guerra real que se avecina y para lo cual les pagaron con poder e impunidad internacional. 

Por ahora.

Los judíos sionistas, los europeos y los gringos en su momento igual hicieron con Pinochet, Videla, Noriega, Radovan Karadžić, Hussein, Fujimori, Rajoy y recientemente con Temer en Brasil. 

La llegada del Secretario de Estado gringo Mike Pompeo este 2 de enero al Palacio de Nariño, en encuentro de órdenes de mando para con un presidente que no reconocen como tal, pues ni asistieron a su posesión, más el encuentro de órdenes de mando que termina este 1 de enero  del muy probablemente indiciado Benjamín Netanyahu con el homofóbico Jair Bolsonaro, avisan de los vientos de guerra (invasión) a Venezuela que esperan suceda en el primer trimestre de 2019, aprovechando el fenómeno del Niño, cuando el suministro de energía venezolano colapse (con ello la agricultura, la ganadería, los alimentos) por la dependencia de ellos, como de nosotros, de la energía hidroeléctrica, impuesta hace décadas por estadounidenses, europeos e Israel, a través, entre otras, de la misión Kemmerer.

Combatir, si eso se dio algunas veces, al recreado enemigo interno, no será lo mismo que a un ejército regular entrenado y armado por casi dos décadas por un militar elegido presidente, como Chávez  y a través de él de un partido, como el PSUV quien ha formado un millón de milicianos, no para decapitar compatriotas, o para falsos positivos, o robarse sus tierras, o para empalar cuerpos, sino para defender a su patria, la de ellos.

Ustedes los y las oficiales no se deben a un partido político colombiano, menos a uno cuestionado hasta por los mismos estadounidenses y con el mayor número de militantes presos, condenados o huyendo de la justicia. 

Ustedes los y las oficiales no se deben al corporativismo minero, petrolero o farmacéutico mundial, menos a sus partidos Likud, Yahadut Hatorah, Demócrata, Republicano, BNP, Partido Popular o al Frente Nacional Francés, menos a los sionistas enemigos históricos de su mayoritaria fe católica colombiana.     

Se deben a la Constitución de 1991 y a la Ley.

Ya lo demostraron en lo firmado y pactado en la Habana con un pequeño ejército irregular, con el cual cumplen, ustedes y ellos (y de paso nosotros), tres navidades en una Paz Estable y Duradera.  Con la ayuda imprescindible del pueblo y del actual gobierno venezolano.

Los estadounidenses, europeos e Israel tienen impunidad internacional para sus soldados y asesores militares.  No para sus contratistas o mandaderos.

Ustedes no.  Los tratados de Ginebra y la Corte Penal Internacional se aplicaran sobre ustedes y su contraparte venezolana, como ya se ha hecho en los Balcanes o en África. 

En Israel, entre sus tropas, las cuales han sido entrenados al punto de combatir letalmente a pequeños niños palestinos armados solo con una piedra, existe un movimiento de soldados patriotas que desisten de obedecer órdenes superiores que van en contra del derecho internacional humanitario y de la misma ética de su fe judía no sionista: “Los Judíos decimos NO, No a nuestro nombre” (jewssayno.org ).

Su ética cristiana católica les debe llamar a ustedes a no permitir e impedir la Hecatombe tan  anunciada por apátridas en el poder, que está pronta a desatarse, la cual se sabe cómo empieza pero nunca como terminará.

Por más que sus medios de comunicación y sus intelectuales colombianos con doble nacionalidad  les implanten a diario la matriz del odio hacia Venezuela y a sus ciudadanos, los problemas de éstos los deben resolver ellos mismos sin la intervención ni invasión de nadie.

A ustedes oficiales de las FFMM la historia les juzgará ya como mandaderos del corporativismo internacional o ya como soberanos patriotas bolivarianos.

A los apátridas hoy en el poder y auspiciadores de esta Hecatombe, les espera la misma regla que aplicaron estadounidenses, europeos e Israel a otros que igual les sirvieron.   

(*) Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.