domingo, diciembre 02, 2018

Cumbres borrascosas


Por: Jorge Montero / El Furgón |

Nubes negras por doquier. Una blindada Buenos Aires comienza a recibir a líderes del G-20. El despliegue alrededor de la cumbre del gran capital internacional, un derroche incalculable de dinero, para una puesta en escena que pretende morigerar la disputa interimperialista que coloca a la humanidad al borde de la conflagración mundial. Simultáneamente la llamada contracumbre que efectuó CLACSO en la capital argentina, bajo la pomposa denominación de Foro Mundial de Pensamiento Crítico, y cuyas figuras centrales -las ex presidentas Cristina Fernández y Dilma Rousseff– fueron artífices para que el G-20 se realice este año en el país; elemento indisolublemente asociado a la regresión política que ha sufrido América Latina en los últimos años. Y como si todo esto fuera poco, la cumbre futbolística de Paraguay que reunió a Alejandro Domínguez Wilson-Smith, presidente de la Conmebol, con Claudio Tapia de AFA, Daniel Angelici y Rodolfo D’Onofrio, luego de los bochornosos incidentes que obligaron a suspender la final River-Boca de la Copa Libertadores.

Las claves del G20


1– “Si arrastré por este mundo/ la vergüenza de haber sido/ y el dolor de ya no ser”

Bajo el mandato de Mauricio Macri, ex presidente de Boca Juniors, el fútbol –como pocas veces– pasó a ser cuestión de Estado. La final de la Copa Conmebol-Libertadores que debían jugar el sábado pasado los dos mayores clubes del país, fue promocionada hasta el hartazgo, como el partido más importante de la historia del fútbol nacional, y Macri apuntaba a sumar otra victoria, sobre la conseguida con la aprobación del Presupuesto 2019.

Primero el propio presidente pidió, en un arranque populista, que los partidos en ambos estadios se jugaran con público visitante, algo que hace años que no ocurre en Argentina por la violencia que rodea el negocio del fútbol.

En su cuenta de Twitter destacó: “Lo que vamos a vivir los argentinos en unas semanas es una final histórica. También una oportunidad de demostrar madurez y que estamos cambiando, que se puede jugar en paz. Le pedí a la Ministra de Seguridad que trabaje con la Ciudad para que el público visitante pueda ir”.

Patricia Bullrich, la susodicha, acudió raudamente en apoyo del mandatario: “Vamos a tener la Cumbre del G-20, imagínese que lo de Boca y River parece algo bastante menor”, afirmó en un programa televisivo.

No al G 20, No al FMI


Tras los incidentes conocidos, donde el gigantesco operativo de seguridad montado no fue capaz de garantizar la llegada del ómnibus que transportaba al equipo visitante al estadio de Núñez, brutalmente apedreado, el decisivo partido debió ser suspendido. El impacto político se hizo sentir en el gobierno. Recriminaciones varias enfrentaron a las autoridades nacionales –con Macri hablando desde Chapadmalal– y a Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El resultado: el ministro de Seguridad de la CABA, Martín Ocampo fue desplazado de su cargo. Ahora, tras la cumbre efectuada en Paraguay por Conmebol (acrónimo por Confederación Sudamericana de Fútbol) se jugaría el decisivo partido fuera de las canchas argentinas. El gobierno nacional pierde por goleada.

Los vínculos entre funcionarios políticos, legisladores, jueces, dirigentes sindicales, fuerzas policiales y las mafias futbolísticas, son estrechos y de larga data. La participación de las denominadas “barras bravas” en el negocio del narcotráfico, empleados como sicarios, grupos de choque o punteros políticos, es recurrente. Un nudo gordiano que va mucho más allá del fútbol y no encuentra quien se anime a cortarlo.

Disturbios en River Plate-Boca Juniors


Cuando sólo faltan pocas horas para la reunión del G-20, el tema sigue dominando la agenda mediática. Pocos ejemplos destacan con mayor claridad la marcha de la realidad nacional.

2- “Sueño/ con el pasado que añoro/ el tiempo viejo que lloro/y que nunca volverá.”

Varias personalidades políticas e intelectuales participaron del autodenominado Foro Mundial del Pensamiento Crítico en Buenos Aires, convocado por Clacso (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) y publicitado como la “Contracumbre”, en vísperas de la reunión del G-20.

Aun cuando faltaron a la cita algunas personalidades, como el ex “presidente de los pobres” Pepe Mujica, alegando que “no debo contribuir a crear obstáculos entre los dos países”, en referencia a las relaciones entre Uruguay y Argentina; para los organizadores fue un éxito arrasador. Y las intervenciones de Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner, estelares.

La falta de autocrítica de los ex mandatarios “progresistas” fue total. Rousseff, depuesta por el golpe parlamentario de agosto de 2016, expuso cómo la victoria de Bolsonaro en las recientes elecciones era producto de que la extrema derecha estaba latente en la sociedad brasileña, resultado de una transición democrática que no juzgó el proceso de terrorismo de Estado, lo que dejó grandes secuelas sociales, al igual que 300 años de esclavitud. Su propuesta, tras destacar “la proscripción” de Lula da Silva, se limitó a propiciar “un frente democrático y popular para defender la soberanía popular”.

De la misma manera, aun cuando esbozó un tímido análisis de los “límites” del llamado progresismo, el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, depositó las expectativas en la recomposición de fuerzas, después del severo desgaste y derrotas políticas sufridas por otros procesos progresistas en los últimos años: “Prepararse para volver a tomar el poder en el continente en los próximos años, reconociendo errores y virtudes”, lanzó la consigna.

Álvaro García Linera en la Foro Mundial del Pensamiento Crítico


La intervención principal estuvo reservada a Cristina Fernández que, en un discurso autocomplaciente, hizo un enfático llamado a la unidad opositora en un “frente patriótico” que no es “de derecha ni de izquierda”, para derrotar en 2019, “las políticas del neoliberalismo que han vuelto a endeudar el país”. Tal vez olvidando aquello de que “más que deudores recalcitrantes somos pagadores seriales”, dicho por cadena nacional tras el pago de 190.000 millones de dólares al FMI y otros organismos financieros internacionales; para finalizar su mandato con una deuda pública en ascenso de 202.000 millones de dólares.


La categoría de derechas e izquierdas es absolutamente perimida, sirve para dividir. Debemos acuñar una nueva categoría de frente social, cívico, patriótico, en el cual se agrupen todos los sectores que son agredidos por las políticas del neoliberalismo. Que no es de derecha ni de izquierda”, descerrajó. Aggiornando una de las tradicionales verdades doctrinarias: “ni yanquis, ni marxistas, peronistas”, al uso del siglo XXI.

Avanzó un paso más y dijo que “ni siquiera debe primar la división entre los que rezan y los que no rezan”, ya que en el seno del movimiento “hay muchos pañuelos verdes, pero también hay pañuelos celestes”.

La nostalgia y un poco de fervor en las plateas hizo que la ex presidenta recomendara “no gritemos, ni insultemos porque perdemos tiempo para pensar lo importante”: el frente electoral para 2019.

Cristina Fernández en el Foro Mundial del Pensamiento Crítico


Una contracumbre en la que casi no se nombró al G-20. Cómo hacerlo cuando Cristina Fernández y Lula da Silva, acudieron prestos al llamado de George Bush en 2008, tras el colapso de la economía capitalista, cuando desde la Casa Blanca se articulaba una agresiva intervención para unificar las burguesías y reiniciar un ataque sostenido sobre los pueblos del mundo, para salir de la crisis que carcomía los cimientos del sistema.

En aquel momento decisivo, los mandatarios de Argentina y Brasil dieron la espalda a Hugo Chávez, quien convocaba desde Caracas a una reunión del Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) con el objetivo opuesto al de Washington: aunar a los explotados y oprimidos del continente e iniciar una fase nueva de la unidad regional por un camino inverso al del capital, como punto de partida para una transición regional al socialismo.

Ninguna voz se alzó en la contracumbre para denunciar esta claudicación, y sus consecuencias para Latinoamérica. Por el contrario, frustración, tensiones y cansancio provocados por personalidades pedantes y autoritarias, que lanzaban consignas huecas. Mostrando su incoherencia disfrazada de idealismo y hasta esbozando un macartismo estúpido y perverso, saturaron el ambiente. El posibilismo haciendo estragos. Las elecciones están cerca.

3- “Sabía/ que en el mundo no cabía/ toda la humilde alegría/ de mi pobre corazón.”

A casi veinte años de su creación, pero sólo a diez de adquirir su actual envergadura, la cumbre de jefes de Estado tendrá lugar en Buenos Aires, en el marco de una creciente guerra comercial y de un feroz combate geopolítico.

Los aprestos militares de los diferentes bloques en pugna, están al orden del día: recientes maniobras de amplitud inédita del ejército ruso con apoyo chino, los preparativos de la Otan para “conflictos a gran escala”, los anuncios de Macron –con apoyo de Merkel- para la puesta en marcha de un ejército europeo, las amenazas de Trump de abandonar el acuerdo con Rusia para armas nucleares, escaramuzas entre flotas rusas y ucranianas en el Mar Negro. El escenario latinoamericano atravesado por la doctrina del Departamento de Estado, en nombre del supuesto combate al narcotráfico y al terrorismo.

A tono con esta orientación, el gobierno argentino, monta un gigantesco operativo de intimidación y represión con la participación de más de 22.000 miembros de diferentes fuerzas de seguridad para proteger la cumbre de líderes del G-20. Accionar que prevé además la aplicación de un blindaje “por aire, tierra y agua” de las zonas en las que se movilicen las comitivas de los países participantes. Destacándose el decreto de feriado para la ciudad de Buenos Aires el viernes 30, la suspensión de servicios ferroviarios, vuelos en el Aeroparque y otras limitaciones para la circulación del transporte público; además del refuerzo de controles migratorios. Mientras da comienzo la caza de anarquistas y musulmanes, la inefable Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, no se priva de arengar a la población: “Recomendamos a los porteños que se vayan, que disfruten del fin de semana largo, que se vayan el jueves”.

Sin trenes, metro ni barcos: así será la seguridad del G20


En tanto la colaboración de Israel es permanente. A pesar de que no forma parte del G-20, Argentina requirió de los servicios de la inteligencia israelí para mantener asistencia e intercambio de datos, teniendo en cuenta la “experiencia” que tiene en esta materia de “lucha contra el terrorismo”, según señalan voceros oficiales.

Con el arribo de miles de tropas extranjeras, el país queda atrapado en un escenario de guerra internacional. La onda expansiva llega a Uruguay, donde sectores sindicales, políticos y sociales rechazan la autorización para la llegada de tres buques de guerra estadounidenses a las costas de Montevideo, bajo la excusa de un paraguas protector para la reunión del G-20 en Buenos Aires.

Uruguay autoriza el ingreso de tropas para el G 20


Un solo punto de coincidencia parece sobrevolar la cumbre: No habrá acuerdo en torno a los temas que oficialmente se tratarán. El telón de fondo de estas fracturas es la crisis mundial del capitalismo, con epicentro en los centros imperialistas. En última instancia una disputa respecto a que bloques tendrán que hacerse cargo de eliminar las mercancías sobrantes -incluyendo la mano de obra-, algo que sólo puede realizarse al costo de más guerras y grandes convulsiones sociales.

Para el presidente argentino la cumbre no empezó del todo bien. Anoche llegó a Buenos Aires el mandatario francés, Emmanuel Macron, pero al salir del avión tras un largo vuelo no encontró a nadie para recibirlo. Apenas fue saludado por un técnico aeronáutico de la pista de aterrizaje, vestido -para colmo- con chaleco amarillo. Recién cuando estaba abordando su auto oficial apareció la vicepresidenta Gabriela Michetti para darle la bienvenida oficial. Allí intento improvisar unas palabras en francés, pero ni Macron ni su esposa la entendieron.

Parece que varios ministros escucharon a Mauricio Macri entonando el tango Cuesta Abajo por el Salón de los Pasos Perdidos.

“Cuesta Abajo”, por Carlos Gardel