lunes, diciembre 10, 2018

El Legado de Belisario Betancur


Por: Gearóid Ó Loingsigh* |

Belisario Betancur el expresidente de Colombia (1982 – 1986) murió en su lecho el 7 de diciembre 2018.  Su cadáver ni siquiera tuvo tiempo de enfriarse antes de recibir un alud de elogios de políticos y de la prensa.  El Espectador le dedicó varias páginas detallando su carrera política, la revista Semana hizo algo parecido.  Todos están de acuerdo, murió el hombre de la paz, pero a diferencia de Salvador Allende, el verdadero Hombre de la Paz del poema de Benedetti, no murió bajo las balas, aviones y tanques del imperio, sino murió en paz y será sepultado en medio de una avalancha de elogios.

Los elogios de la prensa no son sorprendentes, Betancur, a fin de cuentas, era uno de ellos y la etiqueta social es hablar bien del muerto, sobre todo si es un presidente del país.  Solo hay que mirar a todos los liberales elogiando al recién difunto presidente de los EE.UU. el militarista, homofóbico y racista George H.W. Bush, el hombre que dio un nuevo impulso a la guerra convencional y también a los escuadrones de la muerte en Centroamérica.  La muerte perdona todo. Al parecer los científicos pueden discutir si al nacer, tenemos una tabla rasa, pero sin duda, la prensa y los poderosos otorgan una especie de tabla rasa a algunos cuando mueren.

No es sorprendente. Pero ¿qué dice la izquierda reformista de Colombia?

Hay dos tuits que encapsulan cierta visión de Betancur y el tema de la paz.  El primero es de Carlos Velandia, el exvocero del ELN, conocido más popularmente en sus tiempos de militancia en el ELN como Felipe Torres.

Los egoísmos y la inmadurez política de los colombianos no permitieron reconocer en vida a Belisario Betancur, su contribución a la paz. Él tuvo el valor político de abrir el diálogo con las guerrillas. La paz que se construye hoy es gracias a ese primer intento. Honor y Gloria.

El segundo es de Gustavo Petro, exguerrillero del M-19, y un hombre que participó activamente en el proceso de paz con ese grupo y hoy día es visto como una alternativa de poder, por lo menos en el sentido electoral. Petro nos dio la siguiente joya.

El gobierno de Belisario dejó varias enseñanzas hoy olvidadas. Habló de condiciones objetivas de la violencia que se sitúan en la injusticia social. Su partido abandonó su tesis y se acogió a la de Uribe que niega el conflicto.

Parece que las enseñanzas de su gobierno no son lo único que se olvidó.  Vale la pena revisar un poquito, no más, el prontuario de Betancur pues parece que algunos han olvidado que tiene un prontuario y uno de sus primeros crímenes ocurrió cuando Petro y Velandia eran muy jóvenes, Petro tenía apenas tres años y Velandia 11 años, la decisión de ambos de empuñar las armas quedaba en un futuro todavía lejano. Pero Belisario y otros harían correr la sangre mientras estos dos futuros guerrilleros jugaban como los niños que eran en ese entonces.

En 1963, siendo ministro de Trabajo, en el gobierno de Guillermo León Valencia, corrió sangre en el pueblo de Santa Bárbara, Antioquia donde los trabajadores de la fábrica de cemento se encontraban en huelga. El Ejército asesinó a 12 personas y dejaron a otras 52 heridas en su empeño de romper la huelga. Betancur se presentó ante el Congreso después de la masacre diciendo que los trabajadores habían atacado al Ejército mostrando una supuesta molotov de fabricación soviética (sí los uribistas actuales no tienen un monopolio sobre la estupidez, es histórico entre las élites). Su respuesta más contundente en el caso fue de amenazar quitar la personería jurídica al sindicato. Esta masacre es una de las olvidadas en la historia de Colombia, aunque los historiadores Andrés Jáuregui González y Renán Vega Cantor rescataron la memoria de los hechos con lujo de detalles en su libro Sangre y Cemento. No puede haber duda sobre la responsabilidad de Betancur. Los mismos trabajadores agrupados en el Sindicato de Trabajadores de ‘Cementos el Cairo’ lo afirmaron años más tarde y su denuncia todavía es vigente y es una denuncia de esas que los sindicatos ya no hacen, y que Petro nunca ha hecho.

En nuestro caso particular – de la masacre de Santa Bárbara – no cesaremos de denunciar y acusar a quienes hasta ahora conocemos como criminales intelectuales, hasta que algún día cuando triunfe la revolución colombiana, sentemos en el verdadero banquillo popular y hagamos verdadera justicia a los criminales entre los cuales, sin ser todos, descuellan: FERNANDO GOMEZ MARTINEZ, GUILLERMO LEON VALENCIA, BELISARIO BETANCUR, EDUARDO URIBE BOTERO, ARMANDO VALENCIA PAREDES, CARLOS PIZANO, RAUL MORENO, SAMUEL SYRO GIRALDO, con todos ellos el sistema del Frente Nacional.  Para lograr este objetivo, los obreros del Cairo no ahorraremos esfuerzo, no aceptaremos conciliadores, sino que haremos justicia.[1]

Allí no termina el prontuario del hombre de la paz. Dos hechos conocidos internacionalmente dejan ver qué clase de criminal era.

En noviembre 1985, la guerrilla del M-19 tomó el Palacio de Justicia a poca distancia del Congreso y la residencia oficial del presidente, el Palacio de Nariño. Los militares retomaron violentamente al Palacio matando a varios de las personas que se encontraban dentro. Luego de sacar vivos a varias personas, desaparecieron a unos y mataron a otros retornando sus cadáveres al mismo Palacio de Justicia. Hay los que quieren presentar a Betancur como un presidente débil que no pudo con los militares. No es cierto, fue su ministra de comunicaciones quien censuró a la prensa durante la toma preparando el terreno para lo que luego ocurrió. Y en su último año de gobierno nunca hizo nada para revelar la verdad (silencio que guardó hasta su muerte) y dar con el paradero de los desaparecidos.  Tiene responsabilidad ética pero también legal, fueron sus tropas quienes hicieron eso y él los respaldó, digan lo que digan los pazólogos a la hora de reescribir la historia.

A los pocos días el país se enlutó de nuevo. El volcán del Nevado de Ruíz estalló y sepultó al pueblo tolimense de Armero matando a más de 25.000 personas. Betancur y su gobierno consideraban que no era necesario evacuar al pueblo y además era muy costoso y los pobres no valen nada.  Se les advirtió del riesgo de una erupción, hasta vino una misión de Italia la cual publicó un informe sobre el riesgo en el mes de octubre. Betancur y sus ministros no dieron ninguna importancia práctica a dicho informe.

Son dos hechos que revelan la clase de persona que era.  ¿Cuál gloria y honor?  Era un oligarca que despreciaba a la vida de los trabajadores y los pobres, uno de los autores intelectuales de la masacre de Santa Bárbara y responsable por la tragedia de Armero y por supuesto la retoma del Palacio de Justicia y los asesinatos y desapariciones posteriores. Más bien ignominia y deshonra.

Tanto Velandia como Petro quieren que en el marco de la JEP perdonemos a los militares por sus asesinatos y ahora que olvidemos por completo los crímenes de los presidentes del país, una vez que mueren. Algún día morirá Santos y esos hombres si aún están vivos en ese momento nos pedirán que olvidemos que Santos es el hombre que pagó bonificaciones a los soldados por secuestrar a jóvenes pobres, vestirlos de guerrilleros y luego asesinarlos para presentarlos como muertos en combate y de esta forma justificar el presupuesto militar mostrando resultados. En nombre de la paz nos piden reescribir la historia y olvidar quienes son los verdaderos verdugos del pueblo.

También hay que resaltar que Petro ve una diferencia entre el Partido Conservador de Betancur y el apoyo de este partido al uribismo actual y en contra del proceso de paz. Puede ser, pero no es que el Partido Conservador es un partido de santos y ángeles que repentinamente se encuentran aliados con los diablos. Andrés Pastrana, presidente conservador (1998-2002) también se consideraba un hombre de paz mientras negociaba con las FARC en el Caguán y hoy es un aliado de Uribe. Pero bajo su gobierno y en plena negociación con las FARC, el paramilitarismo experimentó su mayor expansión territorial jamás vista. No solo tomaron vastas zonas rurales, sino ciudades tan importantes como Barrancabermeja, centro de la industria petrolera y Buenaventura, el principal puerto del país, y el puerto más grande e importante en la costa pacífica del continente americano. Durante muchos años no se pudo criticar a Pastrana tampoco, ahora sí podemos porque es un aliado de Uribe: así que seamos claros, Betancur no es el único conservador manchado de sangre, Pastrana también, todos. Petro se equivoca no existe un Partido Conservador bueno y otro malo. Existe un partido que siempre ha representado a un sector importante de la oligarquía e imponía su voluntad a sangre y fuego.

Para rematar el académico condecorado por el Ejército e hijo predilecto de los pazólogos, Alejo Vargas, opinó que:

Los colombianos le debemos a Belisario Betancur, el habernos marcado un camino, que hoy seguimos recorriendo, de búsqueda para superar el enfrentamiento entre compatriotas. Él fue consistente y siguió apoyando siempre los esfuerzos de sus sucesores por la paz negociada.

Una rosa de agradecimiento en su tumba[2].

Y ¿cuántas rosas pondrá este militar honoris causa en las tumbas de Santa Bárbara y Armero? Y cuándo podamos finalmente enterrar a todos los desaparecidos del Palacio de Justicia, ¿cuántas rosas pondrá?  No sé, quizás muchas, pero sin señalar ni criticar a quien los puso en sus tumbas, Belisario Betancur, el hombre de la paz. El proceso de paz requiere rendición absoluta, tan absoluta que nos roba lo poco que queda, la memoria.

(*) Para réplicas y contraréplicas: goloing@gmail.com


[1] Comunicado del Sindicato citado en Jáuregui González, A. y Vega Cantor, R. (2013) Sangre y Cemento: Huelga y masacre de los trabajadores en Santa Bárbara (1963), Sutimac, Bogotá. p.276
[2] Vargas, A. (10/12/2018) Belisario Betancur: conservador que buscó la paz www.olapolitica.com