martes, diciembre 04, 2018

Juan Carlos Portela: ocho años de ausencia


“Una canción que le gusta mucho a todo el mundo, sobre todo a los muertos”, a nuestros extintos dinosaurios y siempre firmes compañeros de viajes e infortunios. Una canción que le movía las fibras trashumantes a Juan Carlos Portela, quien hoy 4 de diciembre celebraría un año más de alegre resistencia, pero que por las causas y azares que predijo Silvio se fue poderoso, invencible, se fue con tres heridas, la de la vida, la del amor, la de la muerte.



Un Salmón con Alas y Patas de Gato

Por La Quinta Pata del Gato |

La última vez que hablé con Juan Carlos Portela fue hace pocos días, estaba haciendo tiempo para entrar a cine a ver Mi Villano Favorito, acompañado como era tradicional en él, de una villana muy linda. La primera vez que lo vi fue en el cine club de Vicky. En medio de la oscuridad de la película siempre descubría su figura alta y delgada en la primera fila, acompañado siempre de una hermosa villana. Los cine clubes sirven para unir lo in-unible, para unir a los villanos de este mundo, y de tanto verlo terminamos hablando de cine.

Después empezamos a encontrarnos en un legendario bar de rock llamado Trefen que significa en alemán encuentro. Nos encontrábamos viernes y sábados y de haber sido yo una hermosa villana, hubiéramos terminado de novios pero el destino nos deparó otros rumbos. Trefen era el punto de encuentro de los que no nos podíamos encontrar en ningún lado, no éramos metaleros, ni salseros, ni vallenateros y sin existir el regueton tampoco éramos reguetoneros. Trefen era el oasis en el desierto, allí tocaron celebres conciertos Policarpa y sus Viciosas, allí se podía escuchar y bailar ska hasta el amanecer.

Y como no hay oasis que dure muchas sequías, luego de muchos cierres por parte de la policía, de mucho cambios de sedes, terminó siendo quemado por las autoridades, lo cerraron para siempre con un voraz incendio que fue atribuido a los ritos satánicos que según las autoridades Juan Carlos Portela y sus amigos practicaban allí.

Mientras cierran los bares de ska, los de tropical y vallenato florecen como flor en boñiga de la vaca, este tema fue materia de muchas discusiones e investigaciones con Portela, sentados en la mitad de la calle porque en Ibagué desde hace diez años, no había donde encontrarnos, ni nada que hacer.

Entonces fue cuando nos dedicamos a cazar fantasmas, Portela tenía las llaves del Panóptico que en ese momento se lo habían entregado a la universidad del Tolima para que hiciera el inventario de lo que habían dejado los reclusos al ser trasladados a la cárcel de Picaleña. Se gastó un par de años haciendo el inventario arqueológico, al final los reclusos habían dejado un par de medias rotas, unos calzoncillos en mal estado, y un afiche de Natalia Paris pegado en la pared, con extrañas manchas que todavía son objeto de investigación en la Universidad del Tolima.

Así que con cámara de video en mano, cada viernes, acompañados de las villanas de turno, nos internábamos en las celdas en busca de los fantasmas del Panóptico. Este fue un documental ibaguereño anterior al famoso proyecto Bruja Bleir, grabamos muchísimas horas y las únicas brujas que encontrábamos eran por supuesto las hermosas villanas que nos acompañaban en esas madrugadas frías en el Panóptico.

La universidad entregó las llaves del Panóptico y nos quedamos sin el Trefen, sin un punto de encuentro pues hasta el Panóptico desapareció quemado por las llamas de la burocracia que se robaron todo el dinero para su reconstrucción.

Volvimos a no tener nada que hacer y como los que no tienen nada que hacer se dedican al cine, entre Jaime Barrios y Juan Carlos Portela decidimos crear la pomposa Fundación pro artes audiovisuales del Tolima, gracias a esta iniciativa empezamos a consumir dosis fuertes de cine, mostramos todas las películas de Faswinder, 30 películas del más grande director del mundo se presentaron en Ibagué.

Para rematar presentamos los 14 capítulos de Berlín Alexander Platz, la serie que dirigió Faswinder inspirada en el libro de Alfred Doblin, vimos un capítulo cada día y el último día hicimos una maratón completa presentando los 14 capítulos seguidos, empezamos a las 2 de la tarde y terminamos a la media noche.

Lo vimos acompañados por supuesto con las villanas de turno, vimos los 14 capítulos de seguido, solo interrumpimos para ir a Mateus a comprar pan y coca cola por que Faswinder a palo seco es muy duro. Estábamos poseídos por el espíritu de Faswinder.

Luego de esas maratónicas jornadas organizamos un ciclo de cine alemán en el auditorio del sindicato de Electrolima, en ese entonces existían sindicatos y allí fue donde todo cambio, el cine club dejó de llamarse Fundación pro artes audiovisuales del Tolima y pasó a llamarse Cine Club Los Solteros porque proyectábamos en un local contiguo al bar de Las Casadas.

A la inauguración, invitamos a las señoras que trabajaban en el bar Las Casadas. Las damas se excusaron de asistir pues como toda la ciudad y todos los profesores de la Universidad del Tolima lo saben, menos Portela y Jaime Barrios, el prostíbulo funciona de 10 de la mañana a 6 de la tarde porque las señoras que allí trabajan en el oficio más antiguo del mundo, a las 6 p.m. tienen que irse a sus casas a calentarle la comida a su esposo.

Así empezamos a proyectar en cine. La película inaugural fue: El Ángel Azul, de Joseph Von Sternberg. El instituto Goethe había adquirido una copia nueva de la película y por esas raras y extrañas coincidencias, la función de inauguración de la copia de la película para América Latina nos correspondió a nosotros.

La película cuenta la historia de Lola, una villana que trabaja en un bar llamado el Ángel Azul y que ha conquistado el amor de todos los que concurren a este prostíbulo. Un profesor universitario acude al bar a castigar a sus estudiantes por faltar a clases y pasársela todo el día en el Ángel Azul, y cae bajo las redes de Lola la villana, que lo enamora, cualquier parecido con la realidad es cine.

La villana del Ángel Azul es Marlen Dietrich, y Portela quedó enamorado para siempre de ese ángel azul, su correo se llamaría ángel azul, su block se llamaría el ángel azul y las villanas de turno dejaron de ser villanas y se convirtieron en angelitos azules.

Y no estaba Juan Carlos equivocado, Marlen Dietrich debutó para el mundo del cine protagonizando El Ángel Azul, allí cantó y mostró sus muslos a un público que se sorprendió en 1930 de la misma manera que Juan Carlos Portela se deslumbró en 1995. 60 años después y mientras más cine devoro, entre más veo porno, todas las actrices del mundo parecen insípidas, poco villanas e indefensas aves de corral frente a la gran Marlen Dietrich.

Así que para volver a caminar sobre la tierra y dejar de andar entre las alas de los ángeles, decidimos traer una muestra de cine documental con más de 60 películas, eran parte de la muestra de Alados, la asociación de documentalistas latinoamericanos, teníamos funciones a las 3, 5, 7 y 9. Esta muestra de cine documental la hicimos en la antigua casona del Club del Comercio de Ibagué, lo hicimos con la ayuda de la Universidad de Ibagué y el día del cierre de la muestra acudió Camargo, el eterno fotógrafo del Nuevo día a tomar la foto de rigor para la página cultural.

Estábamos felices, fueron diez días viendo documentales, los proyectábamos para nosotros y para tres extraños personajes que durante más diez días seguidos acudieron a todas y cada una de las funciones, nos hicimos amigos, ellos compraban el pan de Mateus y Portela la coca cola dos litros, porque ver la realidad latinoamericana era muy duro a palo seco.

Camargo cubría sociales y crónica roja, y tan pronto entró a tomar la foto del cierre de la muestra, nuestros tres amigos volaron, Camargo les reconoció de inmediato, nuestros tres espectadores que se habían visto todo el ciclo y con quienes compartíamos grandes debates sobre los documentales, eran agentes secretos del Das, el servicio de inteligencia del Estado colombiano. Fue el fin del célebre cine club de los Solteros.

Con Portela intentamos lo imposible, trajimos a la zarista del cine en Colombia, Claudia Triana, el naciente fondo de apoyo al cine le ofreció a los dueños del Teatro Metropol la remodelación completa del teatro, la instalación de equipos de 35 milímetros del última generación, aire acondicionado y la implementación de sistemas dolby de sonido gratis a cambio de que no cerraran el Metropol que en esos días era la única sala de cine de Ibagué, fue imposible y terminaron convirtiéndolo en un parqueadero.

Después se dijeron muchas cosas malas de él pero nunca supe si fueron verdad o no, se dijo que ya era profesor de la universidad del Tolima, que leía El Salmón y que era uno de los miembros de la temible secta de la quinta pata del gato.

El último día que vi a Portela estaba indignado porque El Salmon le había programado un homenaje póstumo, y él no podría estar, tampoco los amigos. La profecía se cumplió: ‘la vida es algo que pasa mientras uno está ocupado en otras cosas’.

La última vez lo vi perderse entre las sombras de la multitud que entran al cine, de la misma manera que lo vi la primera vez, en una sala de cine y acompañado de un angelito azul.

Hoy Juan Carlos acuatizó en los dominios de Morfeo, un salmón con alas azules y patas de gato se va de este mundo, de seguro ya está sentado en el cielo azul de las piernas de la gran Marlen Dietrich inyectándose sobredosis de buen cine, te envidiamos.

Ibagué, agosto 25 de 2010


Juan Carlos Portela Oviedo (Bogotá, 4 de diciembre de 1975 – Ibagué, 25 de agosto de 2010) fue Profesional en Ciencias Sociales, Candidato a Magister en Territorio, Conflicto y Cultura, Catedrático Ocasional en calidad de Asistente de Docencia de la Facultad de Ciencias Humanas y Artes de la Universidad del Tolima. Fue constructor de sueños en las arenas movedizas del Tolima: Cofundador de la Revista Martinica y Colaborador “intermitente” de El Salmón. Fue Activista Cultural y enlace fundante de la Comisión de Derechos Humanos de la UT, del cineclub Ojos de Video Tape y los "Solteros". Fue amante incondicional de las letras, el cine y la música. Fue otro pensador clandestino en la vida universitaria. Fue un amigo cercano y sensible, por demás honesto e irónico, al mejor estilo del también extinto Jaime Garzón, siempre dispuesto con un sarcasmo para la “mejoría” de El Salmón. Fue un pasajero en trance que plácidamente logró instalarse en nuestro corazón delator. Fue un pescador de sonidos libertarios, su destino será posible encontrarlo en alguna canción desesperada. Fue -y será- la estrella fugaz que veremos en el cielo tormentoso. Brilla en tu luz diamante loco. Adiós compañero, que tu viaje sea placentero. Aquí, adentro, al fondo y a la izquierda, se queda un grato recuerdo. (N del E)