viernes, diciembre 28, 2018

Las dos Colombias


| Por: Alejandro Quintero Galeano / Socialistas

La discusión de la ley de financiamiento ha servido para muchas cosas, entre otras, para confirmar nuestro alto grado de inequidad social y traducirlo en cifras, altamente dicientes. En reciente columna de opinión de Germán Vargas Lleras titulada “el éxodo”, publicada en el periódico el Tiempo del 8 de diciembre, se expone una situación preocupante y es como:
“En los últimos años, más de 50.000 colombianos dejaron de ser sujetos fiscales en el país; 12.000 renunciaron, con el dolor del alma, a la ciudadanía colombiana y se fueron huyendo de una carga fiscal y unos tributos antitécnicos que no existen en otras jurisdicciones; 38.000 más, a la fecha, optaron por residenciarse fiscalmente en terceros países. Muchos de ellos, se estima, tienen patrimonios de entre 1 y 500 millones de dólares.”[1]

Confiando en las estadísticas de primera mano del dr. Vargas Lleras podemos decir que el 0.1% de la población colombiana (50 mil de 45.5 millones según el censo del DANE 2018[2]) decidieron sacar sus capitales.

En un país con una grieta social profunda, donde una minoría de la población –pensando en su rentabilidad y seguridad económica- decide y tiene la libertad de sacar sus capitales y la gran mayoría –que se encuentra sometida a los designios de los gobiernos de turno- es coaccionada por las decisiones económicas de aquellos, de los cuales no se puede defender sino a través de la protesta y la movilización social cruentamente reprimida, donde sus dirigentes han demostrado, a través de la historia, un alto grado de corrupción con una dirección corporativa y sectaria a favor de la élite del país, lo que se plantea para su futuro es una nebulosa, una incertidumbre profunda para esa mayoría que hace parte de la nación; y para la nación en su conjunto.

Para entender de mejor forma la verdadera problemática que plantea esta situación pongámosla en cifras:

Según la Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares ENPH del DANE realizada a más de 87 mil hogares en 38 ciudades del país se encuentra que: el ingreso promedio -incluyendo todos los deciles- para un hogar colombiano en 2017 es de 2.3 millones, éstos con un promedio de 3.3 personas por hogar, de las cuales dos reciben algún tipo de ingreso, lo que significaría un promedio por persona a nivel nacional de 1.25 millones de pesos. Sin embargo, como todas las cifras generales lo que se oculta es un alto grado de inequidad:

“Mientras que el 10 por ciento de los hogares más pobres del país –el primer decil– tan solo ganan 261.000 pesos, el 10 por ciento de los hogares más ricos –el decil 10– ganan en promedio 8,9 millones de pesos… –según la ENPH- dos terceras partes de la población devengan un salario mínimo o menos (el 44,8 por ciento gana menos del mínimo y el 16,7 por ciento, el mínimo)”[3].

Según el Departamento Nacional de Planeación DNP desde 2017 se considera pobre en Colombia a las personas que tienen un ingreso inferior a $ 250.620, vulnerables a quienes su ingreso se encuentra entre $ 250.620 y 590.398, la clase media aquellos cuyos ingresos oscilan entre $ 590.398 y 2.951.990. Con estas cifras, para el DNP en Colombia en el año 2017, el 26.9% de la población era pobre, el 39.9% vulnerable y el 30.9% clase media, lo que corresponde a un total de 97.7% quedando el 2.3% como clase alta. Esto además significa que el 66.8% de la población colombiana para el año 2017 tenía un ingreso inferior a $ 590.398

Según el DANE con la ENPH se considera rico en Colombia a aquellas personas cuyos ingresos superan los 5 salarios mínimos equivalentes a $ 4.5 millones
Y distribuida la población por deciles tenemos la siguiente tabla:

Lo que quiere decir que el 90% de la población colombiana para 2017 según el DANE con la ENPH tiene un ingreso inferior a $3.560.000. Mientras que en ese último decil existe una heterogeneidad en los ingresos tan importante, que según los estudios económicos de la DIAN basados en la presentación de la declaración de renta para el año gravable de 2016 presentada en 2017, se encuentra que el 30% de ellos devengan más de 100 millones anuales y de estos, sólo un % 4.1 más de $ 400 millones anuales.

Estas cifras lo que nos permiten aclarar, sea por el DANE con la ENPH 2017 donde sólo el % 6.3 de la población tiene un ingreso superior a $ 4.5 millones o por el DNP 2017 donde se considera clase alta al 2.3 % de la población, es que el grueso de la población colombiana –más del % 60 según estos dos organismos- se encuentra en situación de alta vulnerabilidad y dificultad económica; y pone en evidencia porque somos según el BM, para el año 2016, el tercer país más inequitativo de América después de Honduras y Haití; y el cuarto en el mundo[4].

Con esta radiografía de inequidad, ¿qué podemos esperar: si la clase alta opta por el éxodo de capitales?, ¿si nuestros políticos se consumen los recursos en corrupción y han contaminado con este mal todas las ramas del poder público?, ¿si por sus decisiones se ha desindustrializado el país y destruido el poco empleo formal existente?, ¿si se insiste en la explotación de los recursos naturales y la venta de servicios como soporte para nuestro sostenimiento económico?, ¿si se incrementa la violencia y la guerra sucia contra líderes sociales y defensores de derechos humanos?, ¿si la estrategia para contener el descontento y los movimientos sociales es la represión, la  violencia y el paramilitarismo? ¿si se ataca con fiereza los acuerdos plasmados con las FARC en el proceso de paz?; con estas evidencias, ¿cuál será el futuro de nuestra nación?

Si tenemos en cuenta que el gobierno actual, con el sub presidente Duque, con su bancada del CD, conservadores, liberales y la mayoría del partido de la U, están empeñados en dirigir al país por este mismo rumbo, queriéndonos imponer además la estrategia del agotamiento y el cansancio para quienes reclamamos una Colombia mejor ¿qué podemos hacer?

Un movimiento social fuerte de oposición es la respuesta, que recoja ese 90% de oprimidos y afectados por el sistema, que no tienen otra alternativa sino seguir sobreviviendo en este bello país, somos esa mayoría los que nos debemos unir para cambiar el rumbo construyendo una nueva nación donde el desarrollo -en realidad- sea para todos.

Esa otra Colombia de más de 40 millones de habitantes, en contraste a la que nos quieren imponer: consumista, individualista, “competitiva”, depredadora de los recursos naturales, discriminadora, arribista y sectaria, del sálvese quién pueda, debe llenarse de los valores que en nuestra realidad histórica se han prohibido: la ética, la solidaridad y el respeto a la diferencia;  a través de una nueva industrialización y tecnificación en el campo que permita mayor cantidad de empleo estable con vinculación formal -no informal, tercerizado, ni ha destajo-, con consecución de los derechos a través del trabajo, con un modelo que busque el desarrollo de tod@s l@s habitantes, la equidad con justicia social, amigo del medio ambiente donde se desarrolle la ciencia y la innovación, y para tal suceso se fortalezca la educación pública y la universidad pública asegurándole altos estándares de calidad que la equiparen con la educación y la universidad privada y llenen de iguales oportunidades a todos nuestros jóvenes, que tenga en cuenta nuestra condición pruriétnica y pluricultural como otra de nuestras riquezas, donde se respeten las diferencias y se dé el valor y la participación por igual a la mujer, etc., esa es la otra Colombia que proponemos, la que estamos empeñamos en construir y por la cual seguiremos luchando.

“La pobreza no es natural, es creada por el hombre
 y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos.
Erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia”.
Nelson Mandela.
________________________________________