miércoles, enero 09, 2019

Denuncian la activación de un nuevo plan de golpe de estado en Venezuela


Washington lo plantea como un ataque “psicológico-político dirigido al terreno humano".

El lunes pasado desde Canarias Semanal dábamos cuenta de los planes de Estados Unidos para activar en Venezuela una “revolución de colores”. Sin embargo, para la web venezolana La Iguana TV, solo queda por reactivar lo de la última fase de dicho plan golpista por el que se intentar derrocar el gobierno bolivariano que preside Nicolás Maduro.

Por: Carlos Rafael Rodríguez / Canarias |

El lunes pasado dábamos cuenta, desde las páginas de esta publicación digital, de los planes de Estados Unidos para activar en Venezuela una “revolución de colores”.  Según la web venezolana La Iguana TV, solo queda por reactivar la última fase de dicho plan golpista, mediante el que se pretende derrocar al gobierno bolivariano que preside Nicolás Maduro.

El medio venezolano basa sus conclusiones en un análisis del documento ‘Venezuela como exportador de la Guerra de Cuarta Generación’, del Instituto de Estudios Estratégicos del Ejército de los Estados Unidos, elaborado por el profesor de estrategia militar Max Manwaring, publicado en 2012.

Según la fuente, en el citado documento Manwaring recomienda al alto mando militar estadounidense “una estrategia unificada a largo plazo con una arquitectura organizacional interinstitucional multidimensional para enfrentar el socialismo del siglo XXI de Chávez y su guerra asimétrica asociada”.

Entre esas medidas destaca el desarrollo de una maniobra para poder “usar las fuerzas armadas convencionales en roles no tradicionales encomendados por la nueva sociología del conflicto deliberado descrito anteriormente en el modelo de guerra asimétrica de Chávez y el modelo operativo paramilitar para el cambio radical obligatorio”.

En sus conclusiones, el militar expone “el mejor método para destruir el proyecto bolivariano era usar los preceptos de la guerra de cuarta generación —que arropa una cantidad enorme de doctrinas como la guerra no convencional, irrestricta, híbrida, molecular— en su contra.

En este sentido, Manwaring subraya que “este tipo de conflicto es principalmente psicológico-político y está dirigido al terreno humano más que al territorio geográfico”. En su opinión, el “centro de gravedad primario” no es militar, sino fundamentalmente de “opinión pública y liderazgo”.

Con estos presupuestos se establecen las fases del plan que pretende el cambio de régimen diseñado por La Casa Blanca:

Primera fase (activada): se busca la inestabilidad y el caos en el país a través de la combinación de una guerra institucional (Asamblea Nacional, Tribunal Supremo de Justicia), una guerra económica (sanciones financieras y comerciales) y de los medios de comunicación (desinformación y propaganda).

Segunda fase (activada): emergencia de “un frente popular (político) de las clases medias” y personas u organizaciones afines para competir y debilitar al Gobierno. Se pretende “apoyar política y psicológicamente las guerras señaladas en la fase uno”. En este punto se cita como ejemplo, la creación de las coaliciones Frente Amplio Venezuela Libre y Plan País son pruebas de esto.

Tercera fase (activada): momento de “fomentar los conflictos regionales” a través de iniciativas políticas, también con acciones militares “encubiertas, graduales y preparatorias para desarrollar y fomentar el apoyo popular a la guerra”. En ese esquema que se encuentran hechos recientes como la irrupción de embarcaciones de la transnacional Exxon Mobil en aguas venezolanas las declaraciones del denominado Grupo de Lima.
Cuarta fase (por reactivar): para lograr el desgaste y deslegitimación del Gobierno, se ponen en marcha “manifestaciones, huelgas, violencia cívica, violencia personal, mutilaciones y asesinatos”. El objetivo es presentar al Estado como incapaz de llevar las riendas del país.

Quinta fase (por activar): un elemento ineludible sería “desarrollar milicias” en una escala local y regional para luchar en regiones geográficas de interés. En el caso venezolano, la frontera con Colombialuce como el área más viable para este tipo de conflicto. Bandas paramilitares colombianas como los Rastrojos —de donde proviene uno de los elementos que supuestamente tenía previsto atentar contra la vida del presidente de Colombia, Iván Duque— y los Urabeños, brindarían el soporte inicial para estas acciones. Sin embargo, con la llegada al poder de Jair Bolsonaro, no puede descartarse una práctica de desestabilización contra Venezuela desde la región sur, especialmente en las zonas mineras.

Sexta fase (por activar): para Manwaring esta sería la última de las acciones a emprender, luego de lograr “la desmoralización” del Ejército que sirve de bastión defensivo. En este caso, los brazos paramilitares —fase 5— serían apoyados con una fuerza militar de intervención multinacional, tal y como lo ha planteado el vicepresidente brasileño, Hamilton Mourao.