martes, febrero 12, 2019

La disidencia del EPL: reducto armado que se resiste a desaparecer


Hace casi 30 años esta guerrilla firmó la paz y se desmovilizó, pero aún una fracción disidente actúa en Catatumbo y reaparece en suroccidente. ¿Se repetirá esta experiencia con disidencias de las FARC?

Por: Álvaro Villarraga Sarmiento* / Razón Pública |

El EPL en el Catatumbo

Después de firmar la paz en 1991, en 13 de los 18 frentes que tenía el Ejército Popular de Liberación quedaron pequeñas disidencias, que desaparecieron durante la década siguiente. Unas se volvieron delincuencia común, otras nutrieron el paramilitarismo y otras fueron exterminadas por la Fuerza Pública.

Pero la disidencia que se asentó en el Catatumbo se mantiene y actúa como el “Frente Libardo Mora Toro”. Ahora, aprovechando la firma de la paz con las FARC, se desdobló y se expandió al sur del Valle y el norte del Cauca.

En el Catatumbo la disidencia pelea contra el ELN desde 2018, y entre Cauca y el Valle lo hace con la disidencia del VI Frente de las FARC. Todo eso es una muestra de la incapacidad del Estado para recuperar el control territorial de las zonas antes dominadas por las FARC, que ahora se disputan diversos grupos armados ilegales y redes mafiosas.

La disidencia en el Catatumbo ha sobrevivido por varias razones:

1.         Se ha mantenido en una zona histórica del EPL, entre Hacarí, San Calixto, Playa de Belén, Teorama, Convención, Ocaña, El Tarra y Tibú, donde predominan la marginalidad y la pobreza.

2.         La presencia estatal en la zona es muy precaria y se reduce a la acción militar y policial. Esto ha llevado a episodios de arbitrariedad en el trato de la población, incluida la complicidad en ataques del paramilitarismo.

3.         El Catatumbo tiene una tradición guerrillera de vieja data: ELN, EPL, FARC. Cuando el EPL pactó la paz, el ELN y las FARC lo acusaron de traicionar la lucha revolucionaria. Por eso estas guerrillas brindaron apoyo a la disidencia del EPL, conformada por 36 combatientes que se apartaron del proceso de paz.

4.         La intensa y cruenta incursión paramilitar contra la población civil en Catatumbo a finales de los noventa fue resistida por la unidad entre esas guerrillas. En 2004, durante la desmovilización paramilitar en esta región, Mancuso reconoció que las guerrillas no habían podido ser derrotadas allí.

5.         La geografía de esta región favorece a la guerrilla, tanto en las partes bajas cálidas del río Catatumbo como en los profundos escarpados en las montañas.

6.         El narcotráfico se impuso en el Catatumbo desde mediados de los noventa, con rutas de exportación por Maracaibo, Venezuela y por la costa Caribe colombiana. Mafias de contrabando y redes del narcotráfico se asociaron con el paramilitarismo y otros actores sociales y políticos de la región, y han realizado acuerdos o adelantado negocios con guerrillas, pero principalmente con la disidencia del EPL. Esto hizo famoso a su comandante “Megateo”, mezcla de comandante guerrillero y capo mafioso.

La guerra con el ELN y la disidencia de las FARC

En el Catatumbo mandan el ELN y el EPL. Foto: Defensoría del Pueblo

La disidencia del EPL se apoya en un pequeño núcleo político que aún se reivindica como Partido Comunista Marxista Leninista. A raíz de la tregua acordada con Belisario Betancur en 1984, este partido había propuesto convocar una “constituyente popular”; por eso en 1991 el EPL decidió pactar la paz y simbólicamente le entregó las armas a la Constituyente de ese año. Pero de un tiempo a esta parte la disidencia propone convocar otra “constituyente popular” —no nacional ni de participación universal, sino restringida al contexto “popular revolucionario” —.

Tras la muerte de Megateo en un operativo del Ejército en 2015, el mando fue asumido por León David, de más proyección política, quien se propuso expandir el grupo a otras regiones, aprovechando las zonas que dejarían las FARC tras el acuerdo de paz, el cual calificaron como una “traición a la revolución”. El intento de expansión fracasó en Córdoba y Antioquia, y León David fue capturado en 2016, pero la disidencia prosperó en una zona entre el sur del Valle y el norte del Cauca.

En marzo de 2017 el ELN dio a conocer su presencia en la región mediante un comunicado que acusaba a las FARC de “traición” y llamaba a retomar la lucha armada “contra el gobierno y el régimen político”. En abril de 2018 circuló un video sobre su presencia en Valle, Cauca y Nariño, donde el EPL revela que han reclutado a varios exintegrantes de las FARC. En él aparece un pequeño destacamento de integrantes uniformados y dotados de fusiles, con rostros parcialmente cubiertos que no reflejan apariencia indígena y la voz de un mando, al parecer procedente del Catatumbo.

Seis grupos armados se disputan el territorio dejado por las FARC entre el sur del Valle y el norte del Cauca.

Dolidos por la muerte de varios de sus integrantes en choques con la disidencia del VI Frente las FARC, dijeron que esta estaba “al servicio del Estado” y era una “banda delincuencial”, “peor que Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, que se hacen llamar políticos pero que son unos corruptos”.

En diciembre de 2018 el CTI envió un oficio a las autoridades alertando sobre posibles ataques de la disidencia del EPL, al mando de alias César, con presencia en el corregimiento de Villacolombia, municipio de Jamundí, Valle del Cauca.

Según testimonios de los pobladores, seis grupos armados se disputan el territorio dejado por las FARC entre el sur del Valle y el norte del Cauca: “Hoy el territorio está cooptado por seis estructuras armadas: Pelusos, disidencias, reductos del ELN dando vueltas por los lados de San Antonio; narcos, porque en esa zona hay muchas cocinas (de coca), están armados hasta los dientes; las Autodefensas Gaitanistas y está el Ejército intentando recuperar el territorio”, nos dijo a su turno un líder de Jamundí que trabaja en terreno con la Defensoría”.

La Defensoría del Pueblo precisó en un informe de alerta temprana que el grupo en la región se llama Frente Andrei Peñaranda y que habría tenido ya cuatro choques con el Ejército.

Distintas fuentes le adjudican la autoría del asesinato de cuatro miembros de una familia campesina de apellido Bravo, en Jamundí, un hecho que interpretan como posible retaliación ante la resistencia a pagar extorsiones o un crimen ligado a la disputa por el control de las rutas del narcotráfico.

El portal InSight Crime analizó la coincidencia del interés de la disidencia del EPL con la economía del narcotráfico en el Catatumbo y su expansión reciente a la zona del narcotráfico entre Cauca y Valle: “Su travesía los tendría ahora con menos de 100 hombres en el sector y en medio de la disputa por el corredor del Naya; una ruta entre los departamentos de Valle del Cauca y Cauca. Este último es uno de los mayores productores de coca y tiene conexión fluvial hacia el sur del país con el puerto de Buenaventura, desde donde salen los cargamentos por el océano Pacífico hacia Centroamérica”.

La ineficacia estatal

Campesinos del Cauca en riesgo por los enfrentamientos entre el EPL y las disidencias de las Farc. Foto: Centro Nacional de Memoria Histórica- Fotografía de César Romero

La semana pasada fue noticia nacional el enfrentamiento de varios días en Corinto, Cauca, entre la disidencia del VI Frente de las FARC y la disidencia del EPL. La población indígena y campesina quedó en medio del fuego y cuatro establecimientos educativos tuvieron que cerrar afectando a más de quinientos menores de edad. Asimismo, se produjo el desplazamiento forzado de más de doscientas personas.

“Lo delicado es que están utilizando los bienes educativos como posiciones de combate, violando los derechos internacionales de derechos humanos”, aseguró Mauricio Capaz, líder de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (ACIN).

El gobierno nacional y la Fuerza Pública emprendieron la Operación Atalanta para combatir el narcotráfico y los grupos armados ilegales en la región, pero sus resultados han sido muy parciales. ACIN ya había advertido sobre la incursión de estos grupos y denunció la inacción estatal: “Pasaron al frente del Batallón de Alta Montaña No. 8 y nadie vio nada”.

Las alertas de la Defensoría del Pueblo de hace seis meses tampoco recibieron la atención necesaria. Ahora los indígenas acuden a su tradicional movilización en resistencia. La guardia indígena capturó y juzgó a un grupo armado de la disidencia del VI Frente de las FARC y exigió el cumplimiento del acuerdo de paz en la región.

El gobierno tendrá que revisar sus políticas, planes y acciones en este tema. Es preciso avanzar en concordancia con el acuerdo de paz, el cual exige recuperar los territorios, respeto de los derechos ciudadanos por parte de las autoridades, eliminar las redes criminales asociadas con el paramilitarismo, sustituir las economías ilegales y desarrollar programas de beneficio social para la población campesina e indígena.

Queda también el reto de contrarrestar con eficacia las facciones disidentes de las FARC para que sus acciones no saboteen la paz, como lo ha hecho la vieja disidencia del EPL.

* Fundación Cultura Democrática