viernes, marzo 15, 2019

El Tolima: “una respuesta pacífica”


Por: Julio cesar Carrión Castro |

Hace 30 años, entre el 17 y el 18 de febrero de 1989, se realizó en Ibagué el Segundo Encuentro Nacional por la Paz, denominado “El Tolima: una respuesta pacífica”. La comisión de diálogo constituida, luego de un arduo proceso de acercamientos, de acuerdos y desacuerdos, a despecho de los lineamientos del gobierno, difundió una sencilla pero significativa y pluralista convocatoria, buscando la mayor participación para discutir una salida política negociada al conflicto armado.

En dicho llamado se establecía que, “la voluntad de paz de los colombianos, a pesar de las múltiples manifestaciones de violencia que nos agobian, se mantiene inquebrantable y refleja el evidente deseo colectivo de restaurar las condiciones de convivencia política, de lograr la reconciliación nacional y de alcanzar la transformación profunda de las estructuras económicas, políticas y sociales del país, como medio indispensable para construir una democracia plena y participativa, mediante un nuevo pacto social”.

El Encuentro contó con la presencia de personalidades de los diversos partidos y movimientos políticos, de la Iglesia católica y de otros credos religiosos, empresarios, representantes de los gremios, de los sindicatos, de las universidades y de muchas otras asociaciones, ligas y organizaciones, expresando, en la región, una incipiente sociedad civil, si bien fragmentada y desarticulada, en todo caso muy comprometida con el temario del evento.

Preocupa el olvido de este acontecimiento que, desde el Tolima, logró motivar e interesar a los diversos sectores del espectro político nacional, por sus efectos prácticos y por los pactos y acuerdos alcanzados con los insurgentes, así como por las importantes propuestas y recomendaciones dirigidas al gobierno, en aspectos como la exigencia para una más amplia participación ciudadana en los asuntos del Estado, la lucha contra la impunidad y la corrupción, los cambios requeridos en el modelo económico, la puesta en marcha de los diálogos regionales de paz, la erradicación de la guerra sucia y las torturas y la adopción de las normas del Derecho Internacional Humanitario, para que la población civil no fuese más objeto de las acciones armadas.

Pasó el Encuentro y enseguida, el 2 de marzo de 1989, sería asesinado José Antequera, uno de sus organizadores. El 22 de marzo de 1990 caería Bernardo Jaramillo Ossa, quien en el Encuentro había señalado: “No creo que el gobierno tenga conciencia de la necesidad de estas reformas; está claro que la solución al conflicto no es militar, pero el gobierno insiste en ella...”

Como en el poema de Machado, “todo pasa y todo queda”; pasaron los gobiernos de Barco, de Gaviria, de Samper, de Pastrana y no termina de pasar el gobierno de Uribe que tuvo continuismo con Santos y que ahora se reedita con su pelele Duque.

En el Departamento del Tolima, parece que estamos cada vez más lejos de una auténtica alternativa democrática; no sólo con los politiqueros de la región, quienes, carentes de tesis, de propuestas y de ideas, simplemente promueven desde sus distintas empresitas electoreras un acomodamiento pragmático para unos pequeños camaleones, que posan de líderes y caudillos, sino, con el vergonzoso comportamiento de una "izquierda" oportunista, que se presenta publicitariamente como "alternativa", para reencauchar figurones provenientes del viejo clientelismo y lograr acuerdos de conveniencia personal. Todo ello nos está mostrando cómo a pesar de la desgarrada historia regional, a pesar de los ejemplares actos de rebeldía tolimense, a pesar de sus muertos y de la grandeza ética e intelectual que legaron personajes como José María Melo o Manuel Murillo Toro, hoy, con una violencia genocida cada vez mayor, con la legitimación del paramilitarismo, la narcoeconomía ya establecida, una mayor represión, exclusión y marginalidad de los sectores populares y un galopante autoritarismo fascistoide que estremece, a pesar del engaño de los "acuerdos" firmados teatralmente con las Farc., el Tolima, ancestral cuna de la rebeldía, la inconformidad y la protesta, pareciera carecer de propuestas, de ideas, y de hombres y mujeres capaces de recoger el testimonio...