martes, marzo 05, 2019

La CCI: la nueva iglesia naranja


Por: Luis Orlando Ávila Hernández* |

Intentó fallidamente el Uribismo – o lo que esa horda de retrogradas y fanáticos dicen ser – colonizar al mundo, iniciando por el lago de Maracaibo en la orilla de Cúcuta y desde allí, el saltar con sus ejércitos de decapitadores, a este lado sur del muro para el aniquilar de tajo cualquier intento de los pobres centroamericanos de alcanzar el sueño capitalista, al otro lado del rio Bravo.

El amo enseña a adorar las cadenas. Dirán.

Lo suyo, la traición, como esencia de su histórica empresa uribista de oportunistas y trepadores.

Pero una vez más, sus padres fundadores se los impidieron.   Si, los mismos de la refundación de la patria en Santa fe de Ralito junto con el siquiatra Luis Carlos Restrepo, en fuga.   

Obvio, sus padres fundadores, los de ellos – o como lo sueñan esa pléyade de campesinos levantados y arribistas para disfrazarse en su esencia colonial española de la ruana – jamás les permitirían otro negocio que su negocio: socio.

Antaño les permitieron contrabandear café y quina en el siglo XIX, para que les ayudaran a   acabar con cualquier semilla de la industrialización de la Republica.

Casi 100 años después, con su café legalizado (les era más barato que el traerlo de la pagana Etiopia y sin canal de Panamá), sus padres fundadores les permitieron contrabandear con lino, marihuana y hojas de coca, para evitar que escapásemos de su importada revolución verde (agroquímicos) y de paso olvidásemos cualquier intento de soberanía alimentaria.

Y así van. 

Si hasta en el golfo de Morrosquillo, en Tumaco, en Ladrilleros y en el de Urabá, por ejemplo, la empresa de sus padres fundadores, Van Camps como otrora lo hiciera su par Chiquita Brands, aniquila en cuerpo ajeno literalmente (juega futbol con sus cabezas decapitadas) a cualquier pescador artesanal, para salvaguardar la palabra empeñada: la de los contrabandistas del siglo XIX, sus hijos de sus, los de ellos, padres fundadores.

Por eso ese señor, que entre orgasmo e indigestión, agradece genuflexo como presidente a sus padres fundadores en Cartagena o en Nueva York, con el beneplácito de la prensa nacional: para bien de la Republica, la de ellos, la heredada de los contrabandistas de café y quina.

Mas el credo, su credo, es la empresa, su empresa, la de sus contrabandistas bajo el aura pirata de sus padres fundadores en casi 200 años de expoliación a nombre de la palabra empeñada, la de ellos a nombre de y contra nosotros y de nuestras cabezas próximas a servir de balón, mientras piensan en el nuevo contrabando, su contrabando.

Pero los credo merecen iglesias, o sino ¿cuál es la gracia?

Y de esas gracias sabe muy bien, la Cámara de Comercio de Ibagué o alias CCI.

O mejor, sabe de Iglesias, lo suyo.

Tanto que a nombre de la horda uribista local, ahora se da en acusar a diestra y siniestra por el desempleo en el 12% a su otrora mentís, hoy alcalde.

Así es esta gente, tiene aún en salmuera entre sus viejos archivos los “sesudos” estudios de los 90, que como las putas nunca dejaran de ser tristes, donde el 12 era 13 y luego 14 y luego 12 y otra vez 13 y de nuevo 12 y nunca dejó de ser 12 en casi 27 años de neo liberalización de la economía y del canturreo de la competitividad.

Y como toda Iglesia, dan en amenazar a los que no son escribanos de sus sagradas escrituras, o que osan desafiarle su credo: que no economistas, que no entienden, que el 12 que solo ayer era 13, que antaño 14, que de nuevo 12, en fin, que la derivada, que la integral, que la modelación estructural de ecuaciones, que el multivariado, que la regresión múltiple, casi como en antaño se amenazaba con el averno, con la Magdalena, con San Agustín o con la inefable Santa Inquisición, la científica, como científica es hoy la CCI.

Por eso cada año la elección de nueva directiva, en esa iglesia como en todas, es lo central.

Lo alcabalero no se los quita nadie. Ahogan más de 10 mil tiendas de barrio a favor de sus justos y buenos, de sus góndolas.

Está en su esencia de contrabandistas de ayer a contrabandistas de hoy.

Y como alcabalera e Iglesia, la CCI se viste naranja, como en el estribillo de su genuflexo presidente, el de sus padres fundadores, los de ellos, los de él.

¿Pero de industrias?  Nada.

¿Pero de puestos de trabajo?  Menos.

Solo, como se diseñó hace 27 años durante el señor Cesar Gaviria, la maquila y la tercerización de empleados y empleadas por los contrabandistas del negocio socio de hoy: los chinos, sus multimillonarios compradores colombianos y su mercadería contaminante en desmedro de la industria manufactura nacional y del medio ambiente.

De ellos también aprenden a la paga de 12 mil pesos el día desde las 8:00 am hasta las 9:00pm, para enseñarles a sus creyentes a ser emprendedores naranja, si y solo si emprendedores, como en el canto karmico de su presidente, el de sus padres fundadores, el genuflexo.

Por eso la Iglesia del CCI podrá acusar de todo al señor Jaramillo – su antiguo socio – casi de todo, incluso de su recién alianza con la uribista Paloma Valencia, pero nunca, jamás del 12 que ayer 13 antaño 14 luego 12 y una vez más 12 para bien de la Iglesia y la Gloria de los padres fundadores, los de ellos.   

Como iglesia la CCI necesita de los pobres, mientras mas, mejor.

Y así parece lo han entendido en la CCI, por ello se une a la conquista del mundo con el uribismo, hoy desde Cúcuta al lado del golfo de Maracaibo, mañana desde cualquier lugar del mundo como dijera don JES (Julio Enrique Sánchez Vanegas, 1964) y sus padres fundadores.
Pero mientras tanto,

¿De industrias? Nada.

¿De puestos de trabajo? Menos.     

 Lo suyo, la alcabala contra los tenderos y a beneficio de sus padres fundadores, como buena iglesia.  

(*) Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.

ILUSTRACIONDibujante Miranda (1843) en “Los Españoles pintados por sí mismos” Ignacio Boix, 1ª ed. Tomo I (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).