martes, marzo 26, 2019

Manuel Marulanda Vélez | El derecho a la rebelión y el derecho a la paz


Cuando muchos nombres de políticos mediocres sean olvidados, el de Marulanda será reconocido como uno de los más dignos y firmes luchadores por el bienestar de los campesinos, los trabajadores y los pobres de América Latina.
FIDEL CASTRO RUZ

Tras 11 años de su partida rendimos con el corazón el más tierno homenaje a quien se levantó como esperanza de los desposeídos, al maestro de la guerra de guerrillas móviles, al luchador consecuente por la verdadera paz, Manuel Marulanda Vélez.

Era Manuel un hombre sencillo y directo, un campesino franco, despojado de todo candor con relación a la lucha de clases, con un don de mando natural y fulgurante. De él decía el general Álvaro Valencia Tovar que “fue uno de los más sagaces estrategas militares gracias a una intuición poco común y a un sistemático aprendizaje de la experiencia”.

Siempre convocó a los militares, a los soldados, a la suboficialidad y a los oficiales del ejército a sumarse a los sueños de patria nueva de las mayorías. Él consideraba que una Nueva Colombia con justicia social, democracia y soberanía, era posible.

Bullía en su alma una desbordada pasión por la paz de Colombia. Ella siempre estuvo presente en su pensamiento desde el inicio mismo de la marcha de la rebeldía en 1964, desde Marquetalia hasta más allá de la fecha de su muerte física del año 2008, porque en él la paz fue y sigue siendo un anhelo infinito que trasciende el tiempo.

En los tres últimos años de su vida Manuel Marulanda Vélez nunca habló de negociación de paz rematada con entrega de armas. Nunca. Pero sí, que debíamos buscar permanentemente el acercamiento con la clase política pensando en la salida negociada al conflicto.

“Con Uribe -decía Marulanda- no tenemos nada que negociar; pero con otro gobierno, que no sea el de ese señor, se debe conversar. Tenemos que trabajar por un acuerdo de paz, pero eso sí, sin entregar los fierros, por que ellos son la única garantía de cumplimiento de lo acordado”.

Advertía a los negociadores guerrilleros en los diálogos de paz del Caguán, que la oligarquías pretendían una paz gratis, un desarme gratis, pagado con perfidia y con traición.

“Vean -decía-, los oligarcas y los ricos quieren el cese al fuego porque tienen afectados sus intereses, pero aquí en este país hay 20 o 25 o 30 millones o más de gente aguantando hambre. A la gente lo que le interesa, más que el cese al fuego, es solucionar su problema económico. Está jodido, no tiene con qué desayunar, no tiene con qué almorzar. De manera que el tema al que tenemos que entrarle es a éste y no a otro”.

Propuso aprobar una partida o un sueldo para todos los desempleados. “Ese fondo ¿de dónde saldrá? Seguramente de la inversión social para pagar un año de ingreso básico a los desempleados, mientras se cita a la pequeña, mediana y gran industria a discutir los términos sobre la manera de poner en marcha los planes de empleo… Porque la paz se va a dar cuando comiencen a verse los resultados”. Era la visión de Manuel.

El 26 Marzo -día de la partida del comandante en Jefe de las FARC, EP- fue instituído por numerosos movimientos políticos y sociales del continente como Día del derecho universal de los pueblos del mundo a la rebelión, al alzamiento armado contra la opresión.

El recurso a la rebelión es un derecho natural e histórico. El preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la ONU en 1948, lo consagra y legitima.

Para recordar hoy a Manuel Marulanda Vélez en su asombrosa trayectoria de resistencia, permítannos referirnos a este derecho universal, a través de reflexiones del Libertador Simón Bolívar en las páginas del Correo del Orinoco de 1821: “El hombre social puede conspirar contra toda ley positiva que tenga encorvada su cerviz, escudándose con la ley natural/ Sin duda –decía Bolívar- es algo severa esta teoría, pero aun cuando sean alarmantes las consecuencias de la resistencia al poder, no es menos cierto que existe en la naturaleza del hombre social un derecho inalienable que legitima la insurrección”.

Y de manera pragmática nos recomienda, también, en los folios de ese documento que, “A fin de no embrollar la gramática de la razón, debe darse el nombre de insurrección a toda conjuración que tenga por objeto mejorar el hombre, la patria y el universo”.

Y de nuestra parte diríamos que Manuel Marulanda Vélez le insufló vida a aquel aserto bolivariano de que “La insurrección se anuncia con el espíritu de paz, se resiste contra el despotismo porque éste destruye la paz, y no toma las armas sino para obligar a sus enemigos a la paz”.

Seguimos en la contienda política resueltos a alcanzar con el respaldo de la conciencia nacional, dela movilización social y política, con el concurso de nuestros jóvenes, de nuestras mujeres, de nuestros campesinos y pueblos indígenas, las comunidades afro, los raizales, los cristianos, los militares y policías y la población urbana, la victoria definitiva de la paz de Colombia sobre la base de vida digna para todos.

A 200 años de vida republicana, los colombianos reclaman la “restauración moral” de la República sobre pilares solidarios y estructuras de humanidad; una paz que nos garantice pan, empleo, tierra, salarios justos, salud y educación gratuitas y de calidad, vivienda digna, transporte barato, servicios públicos, conectividad, buenas autopistas, el respeto a la biodiversidad y al medio ambiente; una democracia que tenga en cuenta al ciudadano de a pie, unas instituciones que sean el orgullo de todos por su probidad, integrada por personas y funcionarios virtuosos, y unas fuerzas armadas defensoras de la soberanía y las garantías sociales, todo ello como el nuevo estandarte que ha de distinguir a la Colombia del futuro.

Invitamos al Estado, a que, recurriendo no a la ley obtusa o al derecho penal del enemigo, ni a montajes judiciales, sino al sentido común, a retirar el odio, la intransigencia de su guerra y toda la maleza jurídica que han atravesado, como una mula muerta, en el camino de la paz.

Gloria eterna a nuestros fundadores y a los caídos. Nuestra solidaridad con los lisiados en la confrontación contra el Estado, a los guerrilleros que continúan en prisión y a los civiles condenados por rebelión. Nuestra solidaridad con las familias de los 90 guerrilleros y los 400 líderes sociales asesinados luego de la firma del Acuerdo de Paz de La Habana.

La paz sigue siendo el derecho superior de todos los colombianos, porque ella supone la vida, y porque sin vida de nada sirven los demás derechos. Rechazamos las pretensiones de guerra contra Venezuela disfrazadas de presiones diplomáticas que buscan posicionar el neocolonialismo en el continente.

La paz se gana con movilización. Involucrémonos en una minga nacional por un nuevo gobierno y por el derecho a la paz.

Iván Márquez, Oscar Montero, AldinéverMorantes, EdinsonRomaña, Enrique Marulanda, Iván Merchán, Rusbel Ramírez, Villa Magdalena, Nelson Robles…