lunes, mayo 20, 2019

El estado policivo, la alucinación necesaria


| Por: Luis Orlando Ávila Hernández |

En San Francisco (USA), hace menos de dos días se acaba de prohibir el  reconocimiento facial como medida de seguridad sin límites de la policía local y de las agencias del gobierno (CIA, NSA, FBI, DEA, etc.) (BBC.com, San Francisco primera ciudad en USA en prohibir la tecnología de reconocimiento facial; mayo 15 de 2019).

La votación del gobierno local, se basó en la premisa: “…Realmente intentamos decir: 'Podemos tener seguridad sin ser un estado de seguridad. Podemos tener una buena vigilancia sin ser un estado policial’. Y parte de eso es crear confianza con la comunidad basada en buena información de la misma comunidad, no en la tecnología de Big Brother (Gran Hermano)”.

Todo lo contrario, a lo que plantean los esbirros de lo policial, hoy mal llamados candidatos demócratas a alcaldías y gobernación en el Tolima.
En Ibagué, como en los municipios del Tolima, el alter ego candidato es ser policía o por lo menos pensar como tal: autoridad sin razón, razón prestada al utilitarismo del poder en turno.

El ejemplo más reciente es el candidato ex rector, que  ufano con sus títulos en discusión, subyace como estandarte del autoritarismo en reino.

Un barniz de eso que llaman académico, le sirve para que periodistas y líderes, crean en sus buenas intenciones.  Porque ellos creen, no preguntan, no indagan.  

Lo suyo es la genuflexión frente al arma al cinto, frente al discurso en red social, ajena, distante, excluyente.  

Pero tras el ex rector estandarte, le sigue el ex policía con pasado investigado, seguido del ex amigo del gobernador antaño seguridad democrática, acompasado del ex senador diletante entre la paz y su negación enfrentando su fracaso,  y de ahí en adelante la pléyade de émulos policiales, a la hora de hablar de sociedad y su progredere.  Y bueno la señora premiadora de peluqueros, para cumplir la cuota. 

Quizá el que menos, el más auténtico populista ante el calzón autoritario, sea el candidato empresario periodista Rubén Darío Correa.

Entrenado en el arte de adular, a diferencia de sus pares candidatos con elite, que le hicieron a un lado, como a calzón cagado, tras el guiño antioqueño, lo suyo es horadar aquí y acullá, obvio, para beneficio propio.

Precisamente todo lo contrario de la sociedad vigilada, policial: cuya base es la solidez, la cimiente, la patria, la familia y la propiedad patriarcal.      

Si hasta en esto el socialista, gobernó con policías y militares, en sus huestes.

¿Eso es malo, inadecuado o procaz?

No.  Solo que olvidan que la democracia se basa en el gobierno de los más capaces.

Al menos eso se nos ha dicho.

Y la democracia de los más capaces, no acierta a los más armados, a los más autoritarios, a los más predestinados.

En dos años de Paz, los procaces candidatos o al menos la versión de candidatos que dicen ser a Ibagué, los municipios y al Tolima, se esforzaron en negar la Paz.

Porque lo suyo es un estado policial, al contrario de lo que se acaba de prohibir en San Francisco (USA).

¿Y si el discurso de lo policial en sus peroratas electoreras, de pronto no encuentra tanto eco en los que aún creen en la democracia de los más capaces?   

Pues a alucinar, que de eso nos llenaron escritores, periodistas y autoridades violentólogos.

Y de alucinación en alucinación, nos llevaran todo este XXI para enseñarnos de una buena vez que democracia va de la mano del arma al cinto para defender la democracia, ¡maestro!

Dirán, o dicen que dirán.

Para eso tienen a aquellos periodistas en Ibagué y el Tolima que aprendieron a tirar y a disparar, de la mano de un ex general en un comando de policía en los 90.

El estado policial, disfrazado de naranja, de código o de progre verde, es la tragedia que nos tocó vivir a los Ibaguereños y a los Tolimenses, que como en una cinta de Moebius retornaremos siempre al mismo inicio del cual nunca partimos, para nunca orientarnos.

La alucinación nos la puede dar la marihuana, el bazuco, la perica, el éxtasis, el alcohol, pero también el escuchar en campaña a un ex rector estandarte, a un ex policía con pasado investigado, a un ex amigo de gobernador antaño seguridad democrática, a  un ex senador diletante entre la paz y su negación enfrentando su fracaso,  y de ahí en adelante a la pléyade de émulos policiales, a la hora de hablar de sociedad y su progredere.  Y bueno, porque no, a la señora premiadora de peluqueros.

¿Y el candidato locutor?

Bueno él no nos enseña alucinar con ser autoritarios, solo nos enseña a adular para disfrazar ese remedo de democracia que decimos tener en Ibagué y el Tolima. 

De eso se trata en estas elecciones, mientras se nos pasa lo paniquiado.

(*) Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.