miércoles, mayo 01, 2019

Las elites, Cartón junao y nuestros inexorables cretinos


| Por: Luis Orlando Ávila Hernández* |

Hoy el tal gobernador del Tolima hijo de los privilegios, enriquecido por estos y gracias al dinero del Estado, sentencia que la diatriba entre privados y públicos, entre pobres y ricos, es cosa del ayer, dijo, superada o como se le dijera, siguiente pregunta “amiguito”, al decir de su alter ego pan-sexual (Diario El Nuevo Dia, abril 30 de 2019).

Quizá tenga razón: su elite, la universidad privada, genitora de su re-acrecentada riqueza pública y privada, de él, su familia, sus amigos, sus amantes, y sus patrones, que ayer atesoró con los paramilitares en supuesta Paz y hoy, con su vástaga señora Cruz, atesora con la guerrilla en Paz.

La elite o camarilla de los suyos: la universidad de Ibagué, la cámara de comercio, la fenalco, la andi, la federación de cafeteros, la comfenalco, la fedearroz, la siatol, la comfatolima, la pastoral social, la cruzada estudiantil, las miles carismáticas y todas las como cientos de las que se nos imponen de tanto en tanto, están en lo suyo: superar la diatriba, qué más da.

Así, en la misma mofa excluyente, un antiguo suyo sargento nariñense del ejército actualmente renombrado dirigente político – o como llamaran a las viejas meretrices, hoy putas – nos recordaba de trago en trago en el viejo barrio Ricaurte, cómo entre su gleba indígena paisana en el Putumayo de los 80, se le llamaba al amo de amos de la política, se les imponía como a Kapax: ¡la Santofimio, que viva la Santofimio!, dice que decían, mientras burlesco reía en su aire nariñense pro-paisa, haciendo juego en la moda de modernidad lumpenesca que nos impusieron, para decirnos y repetirnos que nuestra tragedia, nuestra carnicería entre hermanos, es más placentera mientras más frijoles se comen y más decimas arrieras escatológicas se nos oyen, o nos lo imponen: nos trovan… ¡que decadencia!    

Por ello, los que trovan, los que frisolean, los que avivan al sanguinario antioqueño para quien asesinar es cuestión de interés moral, hijo bastardo de la Santofimio: como lo es el hoy señor exrector, o el señor constructor de abolengo, o el examante de apellido comerciante, o el antiguo senador santista pro-paz hoy hábil águila negra en vuelo, o el vergonzante marica en venganza -revancha dice él, entre otros, se la juegan todas a una, a sepultar la diatriba. 

Nada de pobres, trovan, al unísono, casi al igual que en el viejo Ricaurte aquel sargento xenófobo reía de sus mismos paisanos indígenas putumayenses, al grito que “¡Viva la Santofimio!”

Nada de pobres.  Se dicen, nos lo dicen. Mientras más frisoles, mejor 

Por eso casi todos, o mejor dicho todos los medios virtuales, impresos y hablados de Ibagué y el Tolima, nos lo repiten, ensordeciéndonos encegueciéndonos sobre atinar en cuál será el método, la pócima, la estrategia, el gustico, la confianza inversionista con la que la Universidad de Ibagué o sus “las”, avalará al señalado, al ungido por el único senador expresidente indiciado criminal de Estado, hijo putativo de la “Viva la Santofimio” putumayense, al burlesco decir de su paisano sargento.

Mas cabe preguntarse, para los más efebos, claro: ¿qué ha hecho la generación de la “Viva la Santofimio” y sus socios de frisoles, en los últimos 40 años por Ibagué y el Tolima?  

Nada, esquilmarlas, como a ovejas.  O siendo precisos: robárselas.

Por eso todos, todas y todes son ávidos agropecuarios con aires de doctos.

Por eso cantan al Bunde malumesco y junto a sus amigos gobernantes socialistas del Líbano, recitaran muy pronto en coro al sionista Carlos Vives, mientras desaparecen pobres, ahorrándose la diatriba que no deja dormir al gobernante tolimense.

O les castran, antes de fusilarlos.

O después.

El orden de los factores no altera el producto, dicen que dijo el mercader ministro de defensa.

Con mi amigo Nelson vendedor de periódicos, mi cofrade filósofo, recordábamos cada noche frente al violado museo del Tolima a las desparecidas luciérnagas, a las idas golondrinas, a las arcaicas marranitas que de niños les amarrábamos una caja de fósforos a manera de carroza, a los extintos chapoles, a los neandertales gupis, a las momificadas inmensas ranas toro que se comían cuanta cucaracha llegara al solar, a las sepultas mariposas de lámpara tan gordas como un dedo, a las irrecordables venenosas hermosas hipas y a los fantasmales gusanos de palo de guayaba con dolorosos hermosos pelos de colores.

Nada de eso existe ya, como quieren que no existamos nosotros los pobres los tales pre y para candidatos del Ubérrimo ibaguereño y tolimense.  Incluido el señor ex rector pre y para candidato.

Para ser justos, la universidad pública, también tuvo sus propios cretinos: el médico y el matemático.  Esquilmaron a cual más, al punto que acabaron las facultades para los pobres y llenaron de frisoles la academia pública.  Sórdido facsímil de la docta ignorancia, que dice interpretarnos, mientras colonizan y se reparten para otros el alma mater, lejano orgullo nacional del conocimiento y la sociología rural. 

Solo que estos aun no gritan que “Viva la Santofimio o que viva su hijo expresidente antioqueño”.

O eso queremos creer.

Carton junao es la intraducible letra de tango de Carlos Waiss grabada en 1947 por la RCA Victor, en la voz lunfarda de Alberto Echagüe con la orquesta de don Juan de A’rienzo y musica de Héctor Varela.  

Su más cercana traducción del lunfardo al castellano colombiano es: Delincuente conocido 

Tal vez por eso el señor Barreto no se refería a los pobres ni a los ricos (la lucha de clases) sino a lo que en esencia representa su elite que se rota a Ibagué y al Tolima,  su familia política, sus amigos uribistas del Centro Democrático, su Casa Conservadora, su Partido Liberal, su de la U, su Cambio Radical, sus amigos Luis H, Medico Botero y Jorge Tulio más sus amigos socialistas del Líbano:  El Carton Junao que nos tocó, por castigo al no saber gritar a tiempo, que “Viva La Santofimio”, al decir del burlesco suyo sargento politiquero.

(*) Ingeniero agrónomo, propietario de la ex Tienda Cultural La Guacharaca.