miércoles, junio 12, 2019

La vez que el biólogo evolucionista Edward O. Wilson visitó a Mariquita (Tolima)


| Por: Armando Moreno Sandoval |

Una correspondencia de José Celestino Mutis dando cuenta de una hormiga legionaria entusiasmó al biólogo y profesor emérito de la Universidad de Harvard, Edward O. Wilson, a escribir sobre Mutis. Ese dato seguramente lo llevó a pensar en viajar a Colombia, pero sobre todo a Mariquita, el sitio donde había vivido y trabajado José Celestino Mutis a finales del siglo XVIII.

Años después, cuando algunas entidades colombianas optaron por crear la catedra medioambiental, y al escoger el científico que daría la primera cátedra, el consenso sobre el nombre fue unánime: esa persona sería el estadounidense Edward O. Wilson, el biólogo evolucionista más importante que ha dado la humanidad después de Charles Darwin.

El profesor Wilson el inventor de la palabra biodiversidad, y que gracias a él luchamos por salvar el planeta tierra, en su último libro La conquista social de la tierra (2012: Debate) nos da a conocer la palabra eusocial para explicarnos a través de ella que la organización social y la división del trabajo, que creíamos era del Homo sapiens, ya otros seres vivos habían evolucionado hacia la eusocialidad. Entre esos seres vivos eusociales están las abejas, las avispas, pero sobre todo, las hormigas que viven en la tierra desde hace 160 millones de años.

El profesor Wilson tiene en su haber 27 doctorados Honoris Causa, 90 premios internacionales por sus contribuciones a la ciencia y a la humanidad, junto a Bert Hölldobler obtuvo dos premios Pulitzer por sus ensayos sobre la naturaleza humana y sobre las hormigas, la Medalla Nacional de Ciencia de Estados Unidos y el premio Crafoord, equivalente a un Nobel de Biología. Al preguntársele que pedía para venir a Colombia la única condición que puso  era que lo llevaran a conocer a Mariquita.

El lunes 27 de agosto de 2007, además de la cátedra medioambiental que dio, se le vio en la Universidad Nacional visitando el Instituto de Ciencias Naturales. Pero el 28 de agosto cogería, con sus acompañantes, camino a Mariquita.

En esta casa se dibujaban las plantas que traía Mutis
El paso del profesor Wilson por Colombia, lo mismo que el viaje a Mariquita, tuvo poco despliegue en los medios escritos y hablados. Y quienes dieron cuenta del viaje no fue mucho lo que informaron.

Alejandro Gaviria quien viajó con el profesor Wilson a Mariquita relató que “a la altura de Sasaima, la caravana de peregrinos se encontró con un trancón kilométrico. Inexplicablemente la policía de carreteras había detenido el tráfico en ambos sentidos para facilitar la demarcación de la vía. Wilson salió del vehículo para estirar sus piernas. Y después de caminar 50 metros, encontró un hormiguero al borde de la carretera. Inmediatamente se arrodilló con devoción religiosa. Y permaneció así por unos minutos, como si estuviera rezando, con los ojos a pocos centímetros de la superficie y la lupa en su mano como si fuera un ícono sagrado. La sinceridad de su credo (de la defensa de la biodiversidad sustentada en la pasión por la ciencia) no dejaba dudas.

La imagen de Edward O. Wilson arrodillado en una carretera colombiana resume, en mi opinión, la importancia de su visita a Colombia. Wilson nos permitió, así fuese por unos días, mirar a nuestro país a través de sus ojos. Y apreciar, entonces, nuestro pasado, la valiosa (y olvidada) obra de Mutis. Y nuestro futuro, la preciosa (y amenazada) biodiversidad”.
Casa donde vivió Mutis
 
Por los registros de prensa presumo que llegó, seguramente poco  antes del mediodía. Quienes lo acompañaban no sabían que por esos días Mariquita celebra, cada 28 de agosto, las efemérides de su fundación. Como ha sucedido siempre, si la fecha cae entre semana, el bullicio y la algarabía de tragos, rumbas y gritos lo aplazan para los fines de semana. Esta es la explicación del por qué el profesor Wilson encontró un pueblo vivible, apacible y amable.

Si para quienes nacimos y nos criamos en Mariquita, el viaje entre Bogotá  y Mariquita, es feo y aburrido; mirar el valle del Magdalena a la altura del Alto de la Mona tampoco lo hace placentero. Seguramente para el profesor Wilson ese mundo nuevo que se estrellaba ante sus ojos le hizo olvidar el sopor que genera el calor y el cansancio del viaje.

La alegría de estar en Mariquita lo llevó a decir: “Venir acá y ver donde él vivió le da vida a lo que estoy escribiendo sobre José Celestino Mutis”. Y agregó que además de haber sido un personaje en la historia de la ciencia lo admiraba por haber sido el primero en haber estudiado las hormigas.

En el restaurante, antes del almuerzo, pidió un trozo de panela y se la puso de carnada a las hormigas. Mientras comía un pernil de pollo con ensalada y papas chorreadas, veía cómo las hormigas llegaban. No  llegó la legionaria que había descrito Mutis.

Quienes estaban con él vieron como de su chaleco sacó unas pinzas, atrapó una y la metió en un frasquito con alcohol de los que siempre lleva consigo para guardar  sus muestras.

Tras el almuerzo, y con los bolsillos llenos de insectos, hizo un periplo urbano por los protositios que la tradición oral considera que vivió y trabajó Mutis. Tras ver la casa esquinera con techo de paja que desde niño en la escuela nos enseñaban que ahí en ese sitio había vivido José Celestino y el inmueble colonial ubicado dentro del perímetro del Colegio Francisco Núñez Pedroso, y que escuchábamos decir, que ahí en esa casona dibujaban las plantas, salió el profesor Wilson con sus acompañantes hacia el bosque municipal.

Gabriel Romero Campos nos cuenta que “en medio de sus preguntas fue sorprendido por el sabor de la papaya, los patacones y la arepa de huevo. Y en cuestión de horas, los pedía en su escaso español, y en inglés rogaba “No me digan doctor, no me digan Don. Don suena como a mafioso”. Y finalmente pedía que no le dijeran Edward, sino Eduardo.

Quienes estuvieron con él dan cuenta que camino al bosque municipal se vio rodeado de chiquillos que sin decirle doctor, al enterasen que buscaba hormigas, recibió de ellos tal cantidad que en un dos por tres no le quedaba libre un frasco más.

Lo que los mariquiteños y la comunidad académica no sabe, y sin tanta alharaca cuando un académico de pacotilla de alguna universidad pública o privada halla una especie sin clasificar, en medio de los improvisados recolectores de hormigas y quienes estaban con él, dijo: “He visto dos mil tipos de hormigas y hoy recogí tres tipos diferentes”. El profesor Wilson en un ratico había dado cuenta de nuevas especies de hormigas.

En el bosque de Mariquita recogiendo hormigas

Su única noche de campo en Colombia la pasó en Mariquita. A la mañana siguiente, agosto 29 de 2007, el segundo lugar visitado fue un bosque cercano a la finca Jabirú. Acompañado por su séquito observa y nombra algunas de las hormigas. Una vez más emprende la búsqueda de la hormiga registrada por Mutis que no pudo encontrar: “De haberla hallado, hubiera cumplido completamente mi misión de venir a Colombia, pero estoy feliz. A pesar de que estuve aquí menos de 24 horas, es un lugar que nunca se me va a olvidar”.

Fernando Fernández, el profesor de la Universidad Nacional, cuenta que el profesor Wilson explora el suelo, las ramas, los troncos caídos. Surgen nombres científicos. Una Pheidole por aquí, una Pachycondyla por allá. En algunas ramas unas Camponotus; en otras merodean las agresivas Aztecas. En el suelo las "autopistas" de las cortadoras de hojas, Atta, hormigas que sin duda observó Mutis.

El buen ojo del profesor Wilson capta una rama con nódulos de una planta, la varasanta (o palosanto). Alguien  baja la rama y el nódulo arroja otras hormigas, las Pseudomyrmex de dolorosa picada

El regresó a Bogotá le trae otras sorpresas al profesor Wilson. Entre Honda y el Alto de la Mona el profesor observa a su derecha la cordillera central, el valle del río Magdalena y los parches de bosques. Una vez más queda maravillado.

Con la nostalgia que genera la partida el profesor Wilson hace la promesa de volver a Colombia, y por supuesto a Mariquita, para el bicentenario de la muerte de José Celestino Mutis. Seguramente sus compromisos le impidieron venir, o, a lo mejor no lo invitaron. Así como no invitaron a José Orlando Velásquez, biólogo y botánico autodidacta, y que hoy por hoy, es de los pocos que mejor conocen el bosque.

Al otro día de su partida, Juan Lozano, el entonces ministro de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, firma la Declaración Cuenta Atrás 2010, que compromete a Colombia a incrementar sus esfuerzos para proteger la biodiversidad, especialmente en el piedemonte amazónico, los páramos del nororiente, el Eje Cafetero, el Macizo Colombiano, el Pacífico y el Valle del Cauca. Como le dijeron en Mariquita: Ojalá vuelva.

La Declaración es un saludo a la bandera. El bosque municipal donde trabajó Mutis por varios años, y que 200 años después visitó el profesor Edward O. Wilson está muriendo ante la desidia de las autoridades municipales, departamentales y del Estado colombiano.

La visita del profesor Edward O. Wilson a Mariquita bien podía haberse llamado parodiando el título de una columna que hace años escribí: Viaje al moribundo bosque del sabio José Celestino  Mutis .